Ver esas fotos hizo que Nancy reviviera todo lo que pasó aquel día.
Rompió las fotos en pedazos y se las arrojó a la cara a Santino.
—¿Qué significa esto?
Los fragmentos de las fotos cayeron frente a Santino.
Él recogió un pedazo al azar; era una imagen borrosa de Nancy desnuda.
Santino soltó una risa fría.
—Aunque nuestro matrimonio no se basa en el amor, causar un escándalo así es como escupirle en la cara a la familia Benítez.
Nancy le respondió sin pizca de culpa:
—Si hubieras cumplido con tus deberes de esposo, ¿habría pasado esto?
»Además, tú no eres ningún santo. En nuestra noche de bodas llevaste a una prostituta a nuestra cama. ¿Acaso me diste algún respeto?
Santino asintió.
—Bien, acepto tu lógica. Ya que nuestro destino juntos se acabó, mejor agilicemos el divorcio.
—Comparado conmigo, creo que el señor Salgado puede satisfacer mejor tus exigencias matrimoniales.
Aunque lo suyo con Alicia había terminado, Santino no quería tener nada que ver con Nancy ni un segundo más.
Nancy gritó:
—¡A menos que me muera, jamás te librarás de mí en esta vida!
La respuesta para Nancy fue el fuerte sonido de la puerta cerrándose.
Poco después de que Santino se fuera, la puerta se abrió de nuevo.
Cuando Nancy iba a empezar a insultar, vio que quien entraba esta vez era Enzo.
Desde que la ultrajó aquel día, Nancy deseaba verlo muerto.
—Enzo, ¿te atreves a aparecer frente a mí?
Las fotos que trajo Santino seguramente las tomó Enzo y se las envió.
Enzo cerró la puerta con seguro para evitar que alguien entrara.

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