Pensando que podía «vender» a su hermano, Nina no paraba de hablar maravillas de Benito frente a Alicia.
—Comparado con Santino, creo que mi hermano es más guapo.
—Además, en estos años mi hermano casi no ha tenido escándalos. Solo le interesa hacer negocios; es una máquina de hacer dinero.
—Si hubiera sabido que tú y mi hermano tenían este destino, los habría presentado antes.
—Además, te encantan los niños, ¿no? Ahora que el bebé ya viene, tienes que valorar esta oportunidad.
Mirando el vientre plano de Alicia, Nina no pudo evitar suspirar.
—No puedo creer que voy a ser tía.
Cuando dos amigas se encuentran, es inevitable que se pongan al día.
Además, Nina era experta en sacar información y pronto dedujo, por lo que decía Alicia, que después de convivir estos días, ella no era indiferente a su hermano.
El destino es así: cuando llega no lo puedes parar, y cuando lo buscas no aparece.
Alicia y Santino pasaron por tanto y no pudieron estar juntos.
En cambio, una noche loca bajo los efectos de una droga unió a dos personas que no tenían nada que ver.
Al mediodía, Nina, seca de tanto hablar, tomó la mano de Alicia y se quedó profundamente dormida.
Cuando despertó, se dio cuenta de que ya iba en el coche de regreso a la ciudad de Puerto Neón.
—¿Despertaste?
Escuchó la voz de Máximo.
Nina se incorporó en sus brazos y se frotó los ojos. Bahía Azul estaba justo enfrente.
—¿A qué hora regresamos?
Máximo le masajeó el entrecejo con ternura.
—Surgió algo en la empresa y tenía que presidir una junta. Como estabas muy dormida, te cargué directamente al coche.
Máximo le dio pena decirle a Nina que, en realidad, su hermano la había echado.
Viviendo en esa habitación VIP fría y sin vida, donde sus familiares iban a verla cada vez menos, cayó en depresión rápidamente.
La llegada de Santino tomó a Nancy por sorpresa.
Recordando que su riñón fue donado por decisión de Santino, Nancy lo miró con odio.
—Tú...
Antes de que pudiera reclamarle, Santino le aventó un montón de fotos.
—Mira las cochinadas que hiciste.
En las fotos se veía aquella noche lluviosa, cuando Enzo la forzó en el coche.
Se besaban apasionadamente.
Para ser exactos, a Nancy la besaron a la fuerza y no pudo resistirse.
Además de los besos, había fotos muy explícitas, imposibles de ver sin sentir vergüenza.

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