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No Tan Bruja romance Capítulo 128

Paco se arrodilló a sus pies, lleno de terror.

—No me atrevería a igualarme con usted, señor Máximo.

La diferencia de estatus era abismal. Frente al gran Máximo Corbalán, él no era nadie.

—¿Qué te pareció el interrogatorio? —preguntó Máximo.

Paco tenía los ojos llenos de pánico. Los métodos de ese lugar no te mataban, pero te hacían desear la muerte.

—Inolvidable, señor.

Nunca imaginó que aquel niño mimado se convertiría en este hombre implacable.

—¿Quieres otra ronda? —preguntó Máximo.

Paco negó frenéticamente.

—¡Piedad, señor Máximo!

Si continuaban, moriría ahí mismo.

Máximo se sentó en la silla que Yeray le trajo, cruzó las piernas y miró a Paco.

—Odio el olor a sangre. Es asqueroso. Y ver que usan estos instrumentos en un pariente mío... la verdad, me siento mal de verte sufrir.

Máximo extendió la mano y Yeray le puso el látigo ensangrentado en ella.

Con el mango del látigo, Máximo levantó la barbilla de Paco.

—Recuerdo los viejos tiempos. Si me dices quién subió a Federico al crucero, te dejaré salir de aquí caminando.

Paco temblaba como una hoja.

—No... no lo sé, de verdad no lo sé.

¡Zas!

Máximo le cruzó la cara con el látigo, dejándole una marca horrible.

—Pero ustedes son diferentes. Son marginales, valen menos que Federico. Si desaparecen de la faz de la tierra, a nadie le importará.

Hasta ese momento Paco entendió por qué no había órdenes de arresto contra ellos.

Todo estaba planeado.

Al ver que Máximo se levantaba para irse, Paco entró en pánico.

—¡Si lo confieso todo, me perdonará la vida?

Máximo lo miró por encima del hombro.

—Solo tienes una oportunidad.

Paco soltó un nombre rápidamente.

Al escucharlo, Máximo y Yeray intercambiaron miradas.

¿Había sido él?

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