La realidad era que la técnica de esa Janna era demasiado anormal.
Segunda partida. Sabrina se juró no perder.
Esta vez eligió ser la jungla y le dejó el puesto de tirador a Darío.
Nina eligió a Renekton, dedicándose exclusivamente a invadir la jungla roja y azul para molestar a Sabrina.
Cualquier otro habría aguantado por el bien del equipo, pero Sabrina estaba que le daba un infarto del coraje. Llamó a sus compañeros para matar a Renekton, pero Nina aprovechaba para esconderse, haciendo que perdieran el tiempo.
Después de seis o siete intentos fallidos, Sabrina se hartó y mandó a todo su equipo a cazar a Renekton por todo el mapa. Nina aprovechó la distracción para darles a Liam y Cintia espacio libre para crecer.
Así, en la segunda partida, con una diferencia abismal de oro, Sabrina volvió a perder.
Cintia miró a Sabrina con aire de triunfo. —Dos de tres. Ganamos.
Sabrina no estaba dispuesta a aceptarlo. —Al mejor de cinco.
Liam: —¿No sabes perder?
Sabrina: —En la anterior no jugué bien.
Nina le hizo una seña a su equipo. —Háganle caso. Seguimos.
Tercera partida. Nina se puso creativa: Veigar, Lux y luego Shaco, haciendo llorar a los «carries» del rival.
Los expertos que trajo Sabrina escribían en el chat: «¿La señorita que usó a Renekton la partida pasada? Pasa tu ID para hacer dúo».
Liam respondió por Nina: «¡Lárguense, no agrega a nadie!».
Sabrina volvió a perder. —Al mejor de siete.
Nina siguió jugando con ellos. Estrategias de demolición, ataques globales... De principio a fin, Sabrina no ganó ni una sola vez.
Bajo el liderazgo de Nina, Cintia y Liam estaban eufóricos; ganar o perder ya no importaba, su objetivo era disfrutar humillando al rival.
Hasta las tres de la tarde, después de perder once partidas seguidas, Sabrina finalmente colapsó.
—¡Qué juego de mierda! ¡Ya no juego!



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