Victoria estalló: —¡Nina! ¡Puedes tener envidia, pero no tienes por qué decir esas cosas tan crueles para atacarnos a mí y a mi mamá!
Nina le reviró al instante: —¿Envidia de qué? ¿Envidia de que seas hija de una rompehogares? ¿De un estatus que consiguieron a base de acostarse con hombres casados? ¿O de tu supuesto título de «genio» que usas para darte importancia? ¡Señorita, no se le olvide que su premiado sistema de seguridad fue hackeado en un segundo! ¡Vaya «genio»!
—Destruyen familias y todavía tienen el descaro de presentarse como hijas legítimas cuando no son más que el resultado de una aventura. ¡Son unas sinvergüenzas! ¡La neta, ya me está dando vergüenza ajena!
—¡Ma... Mamá, ella...! ¡Mamá, di algo, esta loca me está atacando!
Victoria se quedó pasmada ante la retahíla de verdades de Nina.
—¡Nina! ¡Bastarda! ¿¡Cómo te atreves... cómo te atreves a insultar así a mi hija!? ¡Pídele perdón enseguida a Victoria!
Nina puso los ojos en blanco, visiblemente harta de ese par de hipócritas.
—¡PERDÓN MIS OVARIOS!
Soltando esa bomba, Nina se dio la media vuelta y se marchó con estilo, dejando una impresión imborrable en la multitud.
Hace un momento todos adulaban a Alma y a su hija; ahora, gracias a Nina, estaban en boca de todos por las razones equivocadas.
No había caminado mucho cuando Liam la alcanzó.
—Nina, te eché la mano allá atrás, ¿no piensas darme las gracias?
Al inicio del curso, Nina y Liam se habían cruzado una vez; ambos estaban en Ciencias Biológicas.
Liam era un esteta; la primera vez que vio a Nina, quedó cautivado. No era una atracción romántica, sino una admiración pura hacia alguien impresionante.
Nina bajó el paso y caminó a su lado. —Está bien, te debo una.
Liam sonrió ampliamente. —Ja, cobrar mis favores no es barato.
Nina no estaba para juegos. —Entonces haz de cuenta que no dije nada.
Liam suspiró resignado. —Qué aguafiestas eres, solo bromeaba. Es raro verte por la Academia Omega. ¿Ya te recuperaste? ¿Vendrás a clases este año?
—No sé, depende de mi humor.
Liam miró el bolígrafo que ella hacía girar entre sus dedos; al moverse, se escuchaba un leve tintineo en su interior.
—Déjame adivinar, ¿tienes agujas dentro de ese bolígrafo?
Nina asintió con naturalidad. —Así es.
—¿Para acupuntura?


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja