Diego: —¿Qué imbécil se atreve a meterse con Nina? Jefe, ¿quieres que vaya contigo para armar un desmadre?
Máximo le lanzó una mirada de advertencia.
—Me llevo a Yeray y a Ramiro. Tú sigue buscando pistas sobre La Parca. Quiero buenas noticias en tres días.
Diego le hizo un saludo militar burlón.
—Descuida, jefe, cumpliré la misión.
Tras darle instrucciones a Diego, Máximo se dirigió a toda prisa al aeropuerto con sus guardaespaldas.
La familia Corbalán tenía su propio avión privado y, ya fuera para salir o entrar del país, tenían las rutas solicitadas con la aerolínea.
Solo tenían que llegar al aeropuerto para solicitar el despegue inmediato.
El grupo completó los trámites rápidamente.
Mientras caminaban hacia la pista, una explosión repentina estalló no muy lejos, formando un hongo de humo.
La explosión causó pánico inmediato entre la multitud.
Yeray y los guardaespaldas rodearon a Máximo al instante para protegerlo.
Ramiro detuvo a un empleado que corría y le preguntó en inglés: —¿Qué sucedió?
El empleado, al notar que el grupo de Máximo no era gente común, explicó:
—Debido a las altas temperaturas, unos materiales inflamables almacenados en el aeropuerto explotaron.
Esa era la gran diferencia entre los aeropuertos de allá y los de acá.
En su país, la seguridad de los pasajeros era lo primero.
Pero en el extranjero, el beneficio económico iba por delante.
Yeray seguía intranquilo.
—Señor Máximo, siento que esto no es tan simple.
Después de dejar ir al empleado, Ramiro compartió su opinión.


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