Desde la última vez que se separaron, Blanca buscaba una oportunidad para volver a ver al señor Máximo. Sin embargo, tenían poco contacto y Ramiro solía ser el intermediario.
Aunque usar la enfermedad de Frida como excusa no era lo correcto, Blanca llamó sin dudar. Al ver de nuevo al hombre de sus sueños, difícilmente pudo ocultar su admiración. Donde estaba Máximo, sus ojos no veían a nadie más.
Nina, que caminaba junto a Máximo, fue totalmente ignorada por Blanca.
Máximo apenas asintió hacia Blanca y, rodeando la cintura de Nina con su brazo, entró directamente a la habitación de su madre.
Blanca, al ser ignorada, notó entonces que además de Benjamín, Yeray y los guardaespaldas, había una chica hermosa junto a Máximo. Solo con un vistazo, la belleza impactante de esa chica se grabó en la mente de Blanca. Su ánimo se fue al suelo.
¿Quién era esa chica? ¿Por qué caminaba junto a Máximo? ¿Por qué la mano del señor Máximo estaba tan íntimamente posada en su cintura?
De pronto recordó a la chica con la que el señor Máximo chateaba por Messenger la última vez. Tenía mal genio, era impaciente, y aun así él trataba de contentarla con cuidado. ¿Sería ella?
A nadie le importó la mala cara de Blanca. Ella vio cómo entraban a la recámara principal.
En la habitación, varios médicos discutían el tratamiento en voz baja. Al ver a Máximo, se sintieron aliviados.
—Señor Máximo, la situación de la señora no es optimista. El plazo de dos meses que dimos... temo que no llegaremos.
Máximo se acercó a la cama. Su madre se veía demacrada, mucho más delgada que la última vez. Le susurró al oído:
—Mamá, volví a verte.
Solo hubo silencio.



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