—Escuché que la familia Wilches ha estado buscando problemas con los Corbalán. ¿Quieres que eche una mano con eso?
Con una sola orden de traslado, podría asegurarse de que Luis no tuviera oportunidad de volver a pisar Puerto Neón en su vida.
Teniendo un aliado así de disponible, Máximo no iba a desaprovecharlo.
—Te lo agradecería mucho, Leo.
Desde la muerte de Camilo, la familia Wilches no había dejado de molestar a la familia Corbalán.
Aunque nunca tenían éxito, eran como una piedra en el zapato. Y tanta insistencia ya tenía harto a Máximo.
No es que no hubiera pensado en tomar medidas extremas para desaparecer a Luis, pero sentía que ensuciarse las manos por alguien así no valía la pena.
Mejor aprovechar la conexión con Leonardo para que ese tal Wilches desapareciera de su vista cuanto antes.
Leonardo le dio una palmada en el hombro a Máximo.
—No solo eres un talento valioso para el país, sino también el yerno que Mercurio escogió entre millones.
—Trabaja duro, tu futuro no tiene límites.
***
Tras despedirse de Leonardo, Máximo decidió llamar a Nina.
Justo cuando iba a marcar, Ramiro se acercó apresuradamente.
—Señor Máximo, hubo un pequeño incidente. Mire.
Ramiro le pasó el celular. En la pantalla había una foto tomada in fraganti.
El fondo era un aeropuerto. Había un hombre y una mujer con una postura que parecía muy íntima.
Al mirar con atención, Máximo se dio cuenta de que el hombre alto, con uniforme militar y botas de combate, era él mismo.
Y la mujer de vestido blanco que estaba tan cerca de él le resultaba vagamente familiar.
Tal vez era por el ángulo de la foto.
A primera vista, parecía que ambos corrían el uno hacia el otro, como si estuvieran a punto de fundirse en un abrazo apasionado.
Máximo la observó detenidamente durante un buen rato antes de expresar su confusión:
—¿Quién es esa mujer?

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