—Claramente es la amante, pero cuestiona a los demás con tono de esposa oficial. Ciertas personas no tienen vergüenza ni moral; son unos descarados.
Alguien ayudó a Catalina a levantarse.
—Muchacha, no estés triste. Hay muchos hombres en el mundo, te mereces algo mejor.
—Exacto. A los patanes y a las zorras el karma les llega solo.
Nina pensaba cada vez más que Catalina estaba desperdiciando su talento al no dedicarse al cine. Usar una foto para decir disparates y construirse una imagen de víctima humillada y estoica... Esa configuración era la típica de la protagonista de telenovela que sufre mil penurias esperando que el galán la rescate.
Nina arrojó la foto a la cara de Catalina con indiferencia.
—Ya fue suficiente teatro, es hora de terminar la función.
Usó tanta fuerza que el borde afilado de la foto casi le deja una marca en la mejilla. Catalina se cubrió el rostro con expresión de agravio, mirando a Nina con rebeldía.
La multitud protestó con indignación:
—¿Por qué golpeas a la gente así?
Nina miró a los espectadores que la atacaban.
—¿Cuánto les pagó el que organizó este teatro para actuar como paleros?
Los espectadores: «...»
Máximo también captó la indirecta en las palabras de Nina. ¿Actores?
Nina señaló a varios de ellos.
—Tú, tú, tú, y tú también. Los he estado observando un buen rato; están compinchados con esta mujer.

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