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No Tan Bruja romance Capítulo 31

Tras explicarle los detalles generales de la residencia, Ramiro añadió:

—El estudio independiente que solicitó la señorita Villagrán ya está listo. Es la tercera habitación a la derecha, en el segundo piso.

Esa había sido la única condición que Nina impuso cuando Máximo exigió que vivieran juntos.

Ramiro checó la hora y comentó:

—Máximo tiene un compromiso social esta noche y regresará tarde. Si la señorita Villagrán necesita algo, puede dárselo a saber a las empleadas.

Ramiro daba instrucciones minuciosas, temeroso de cualquier descuido o falta de atención.

Nina parecía ser justo como Nahuel la había descrito: una joven bruja con un encanto extraño.

Y es que, a pesar de ser una chava de pueblo, emanaba un carisma que imponía respeto.

Al recordar lo que la familia Cárdenas le había hecho y cómo ella contraatacó, a Ramiro le resultaba difícil no sentir simpatía por esta chica tan lista.

No era una atracción romántica, simplemente admiraba la forma en que Nina manejaba las cosas.

Al percibir la amabilidad de Ramiro, Nina dijo con sinceridad:

—Gracias por las molestias de hoy, Rami.

—Es mi deber. Ya es tarde, me retiro. Si necesita algo, llámeme al celular a cualquier hora —respondió él apresuradamente.

Nina sintió un impulso repentino.

—Rami, espérame un momento.

Sacó su bolígrafo giratorio, buscó una nota adhesiva en su bolsa y comenzó a trazar algo con rapidez.

Debido a la distancia, Ramiro no podía ver el dibujo, pero notó que la tinta sobre el papel era roja.

Le pareció extraño. La última vez, en el Monarca 1908, vio a Nina firmar con ese mismo bolígrafo y la tinta era negra.

Mientras él reflexionaba, Nina arrancó la hoja, la dobló en una forma peculiar y la metió en el bolsillo del saco de Ramiro.

Nina puso el Orbe Laberíntico sobre la punta de su dedo índice y lo hizo girar a toda velocidad como si fuera un balón de básquetbol. Iris se puso pálida del susto.

El Orbe Laberíntico era una artesanía antigua casi extinta, con esferas concéntricas talladas una dentro de la otra; una obra maestra que no tenía nada que ver con una pelota común.

Esa señorita Villagrán era demasiado atrevida. Giraba una obra de arte millonaria en su dedo como si nada. Si se le caía, ¿no le daba miedo que Máximo la culpara?

Iris detestaba a Nina desde el fondo de su corazón.

En el círculo de la élite de Puerto Neón, los amigos de Máximo eran ricos o nobles.

En cambio, Nina, aparte de tener una cara bonita, vestía y calzaba ropa barata.

Si Máximo tomara en serio a esta rancherita, no habría desaparecido el primer día que ella se mudó, sin siquiera dignarse a verla.

Nina ignoraba los pensamientos de Iris. Jugó un rato y, perdiendo el interés, devolvió el Orbe Laberíntico a su lugar.

Ramiro había cumplido su palabra. El estudio independiente no solo era espacioso, sino que estaba equipado con todo lo necesario.

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