Cintia pensaba que a Nina le interesaba ese chico.
—Joel Cervera, de tercer año, facultad de medicina. Nina, no me digas que te interesa, ¿verdad?
—Te aconsejo que te quites esa idea de la cabeza. ¿Ves a esa tal Esperanza? Es amiga de la infancia de Joel, son uña y carne.
—Esperanza es súper mandona, no te dejes engañar porque sea de primer año.
—Cualquier chica en la academia que se atreva a hablar con Joel más de diez frases, seguro se busca un problema con ella.
Nina pensó: «Conque este Joel es el famoso Joel del que hablaban las bravuconas».
Físicamente, bueno, se veía presentable, bastante enérgico.
El problema era que tenía unos ojos demasiado grandes y le encantaba estar rodeado de mujeres; a leguas se le notaba el potencial de mujeriego.
Nina bebió un sorbo de su jugo.
—Piensas demasiado. ¿Cómo podría interesarme alguien así?
Cintia también pensó que era imposible que Nina, teniendo a un hombre de la calidad de Máximo, se fijara en un donjuán como Joel.
Valiéndose de que tenía cierta guapura, Joel no perdía oportunidad para ligarse a las alumnas de nuevo ingreso que no sabían cómo funcionaba el mundo.
Todos se daban cuenta de que a Joel no le gustaba Esperanza, pero nunca se lo decía a la cara.
El padre de Esperanza era un pez gordo en la industria musical, y la familia Rosales todavía dependía de la familia Peñalosa para sobrevivir.
Por un lado la despreciaba, y por el otro la utilizaba.
Cintia no toleraba ni ver a tipos como Joel.
***
Finalmente, tras terminar las clases del día y antes de salir de la academia, Nina fue al baño.
Apenas se estaba subiendo el pantalón cuando escuchó golpes en la puerta principal del baño.
—¿Quién está ahí afuera? ¡Abran! ¡Abran rápido, hay gente aquí adentro!
Cuando Nina empujó la puerta de su cubículo, vio a una chica con la cara llena de moretones golpeando con fuerza la puerta cerrada de la entrada.
La chica se sobresaltó al ver a Nina salir silenciosamente.
—¡Ay, Dios mío! Pensé que estaba sola aquí.
Después de un momento, Nina logró reconocerla a duras penas.
Era la desafortunada estudiante que Esperanza había estado intimidando al mediodía.
Después de toda la tarde, la cara de la chica estaba tan hinchada que estaba irreconocible.
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