Aunque Nina prestaba poca atención a la farándula, reconoció a la mujer de inmediato.
Era la estrella de cine del momento, Natalia Escalante.
Llevaba un sensual vestido rojo y, al entrar, atrajo la atención de todos.
Algunas mujeres nacían con estrella, bendecidas por Dios.
Natalia era así.
Tenía un rostro bellísimo, era alta y poseía un aura única, con una mezcla de elegancia y carácter en su mirada.
Hacía poco, Natalia había protagonizado una sesión de fotos que dejó a todos boquiabiertos.
Se había vestido deliberadamente con un estilo andrógino: camisa blanca impecable, pantalones negros y una corbata floja alrededor del cuello.
Había interpretado a la perfección el concepto de «atractivo rebelde».
Desde que se publicaron esas fotos, la fama de Natalia se disparó.
Sus carteles estaban por todas las calles y representaba puras marcas de lujo.
Natalia tenía bien asegurado su puesto como la reina del mundo del espectáculo.
Enzo, como si no hubiera visto a Nina, le dijo a Natalia sonriendo:
—Es raro que la gran estrella tenga un hueco en su agenda para estar en Puerto Neón. Mira, ahí está la persona que querías ver.
Desde que Natalia llegó, sus ojos se habían clavado en el rostro de Máximo.
Le pasó su bolso a Enzo y aceleró el paso hacia Máximo.
Abrió los brazos, dispuesta a abrazarlo.
—Maxi, cuánto tiempo.
Justo antes de que Natalia lograra abrazarlo, Máximo levantó la mano y la detuvo a un brazo de distancia.
—Nina es muy escrupulosa con los gérmenes, no tolera que tenga mucho contacto con otras mujeres.
—Si mantenemos una distancia prudente, todavía podemos ser amigos.
Nadie esperaba que Máximo rechazara tan fríamente el abrazo de Natalia delante de tanta gente.

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