Las palabras de Máximo dejaron a todos atónitos. Nina, aparentemente distraída colocando los dados en la mesa, ya había metido a todos en su juego.
Lo que más impresionó a los invitados fue que, simplemente acomodando dados, había creado un virus funcional para acceder a un celular. Esa habilidad era sobrehumana.
Por más que Enzo intentara negarlo, su conversación con Natalia era demasiado real para dudar de ella. Esos dos habían venido con intenciones oscuras para hacer daño.
Elías levantó el pulgar hacia Nina en silencio. Esa chica hermosa e inteligente había pasado de causarle admiración a ganarse su total respeto.
Máximo caminó lentamente hacia Enzo. Tras mirarlo fijamente un largo rato, preguntó con frialdad:
—¿Por qué?
Llegados a este punto, Enzo sabía que su amistad con Máximo estaba rota. Una leve sonrisa apareció en sus labios finos.
—No mentí, realmente te tengo envidia. Desde la primera vez que te vi. Aunque entonces eras discreto, alguien me dijo que con el tiempo te convertirías en una figura inalcanzable.
Enzo se llevó la mano a la frente, mostrando frustración.
—¿Cómo describirlo...? Como un rey que se sienta en su trono y mira a los débiles por encima del hombro. Como un león dormido que de repente despierta y se alza como un dios en la cima del mundo. Maxi, si intercambiáramos lugares, ¿te quedarías mirando cómo alguien que solía ser inferior a ti te aplasta?

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