Con esa promesa de Nina, la gente de la Escuela Obsidiana dejó de darle vueltas al asunto.
Justo cuando todos se preparaban para moverse al lugar del ritual, Benjamín recibió una llamada.
La conversación duró menos de veinte segundos. Al colgar, miró hacia Máximo.
—Señor Máximo, tenemos visitas.
Máximo nunca imaginó que Adrián Valdés, a quien no veía desde hacía mucho, se aparecería por iniciativa propia.
Como el personaje más llamativo del mundo de la brujería, Adrián era famoso en todo Puerto Neón.
Como de costumbre, en cuanto Adrián hizo su entrada, deslumbró a todos con sus joyas y accesorios carísimos.
Adrián poseía una belleza extrema, una figura alta y elegante, y vestía un traje azul oscuro hecho a la medida con una capa negra.
Una mezcla entre moda de pasarela y estilo de hechicero.
Esos dos estilos se fusionaban para crear la imagen de un caballero elegante.
Parecía que solo alguien como Adrián tenía la capacidad de manejar un estilo tan peculiar.
Al entrar, Adrián mostró una sonrisa brillante y abrió los brazos hacia Nina.
—Querida Nina, vine a verte.
Justo cuando estaba a punto de abrazarla, Máximo levantó la mano y lo empujó hacia atrás.
—Señor Valdés, cuide sus modales y mantenga la distancia.
Hasta la fecha, Máximo seguía receloso de Adrián.
Hubo un tiempo en que pensó que había algo entre Adrián y Nina, lo que le hizo pasar muchos corajes en silencio.
Bloqueado, Adrián solo pudo mirar a Nina desde lejos.
—Nina, tanto tiempo sin vernos, ¿me extrañaste?
Nina le puso los ojos en blanco; su actitud no fue precisamente amistosa.
—¿Qué haces aquí?

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