Gonzalo casi se va de espaldas del coraje.
Al ver que Nina no cedía, tuvo que cambiar su estrategia de negociación.
—Dejemos de pelear, Nina. Si aceptas donar un riñón…
Nina: —Donar un riñón es imposible.
Gonzalo: —Al menos escúchame hasta el final.
Nina: —Si el tema es donar un riñón, te sugiero que te calles la boca.
Gonzalo apretó los dientes. —Bien, entonces cederé. Debes seguir dándome esa medicina hasta que tu hermano encuentre un riñón compatible.
—Te daré dos millones de pesos y un departamento de dos recámaras.
Nina mantuvo su postura. —Dos mil millones, ni un peso menos.
Gonzalo levantó la voz, furioso: —La familia Cárdenas no tiene dos mil millones en efectivo. Esa cifra que calculaste incluye acciones, propiedades, inversiones y tiendas.
Nina no se anduvo con rodeos. —Entonces transfiere propiedades por valor de dos mil millones a mi nombre.
—Nina, no seas codiciosa. Aunque la riqueza de la familia Cárdenas tenga que ver con las recetas de tu madre, quien ha manejado el Grupo Cárdenas hasta lo que es hoy soy yo.
—Querer la mitad de los bienes solo por lazos de sangre es pedir las perlas de la virgen.
Nina rio con frialdad. —Parece que el valor de Ángel para ti no es tanto después de todo.
Al pensar en su hijo, Gonzalo sintió una punzada en el corazón.
Con los hijos, él era el típico machista obsesionado con tener un heredero varón.
La razón por la que se divorció y se volvió a casar fue porque Alma tuvo la «buena fortuna» de darle un hijo varón.
Podía importarle poco si Victoria vivía o moría, pero Ángel tenía que sobrevivir a toda costa.
Al pensar en esto, Gonzalo tuvo que ceder ante Nina.


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