Dylan no esperaba que en su llamada con Nina interviniera alguien ajeno como Máximo.
Tras unos segundos de silencio, Dylan bromeó por teléfono:
—¿Sabes quién va a regresar al país pronto?
La intuición le dijo a Máximo que Dylan quería aprovechar para meter cizaña entre él y Nina.
Sin esperar a que el otro diera la respuesta, colgó la llamada en lugar de Nina.
Preocupado de que su acción molestara a Nina, Máximo se apresuró a explicar:
—No escuches sus tonterías.
Nina se metió el último bocado del desayuno a la boca y preguntó alzando una ceja:
—Entonces, ¿quién es esa persona que va a regresar?
Si corría lo alcanzaban, y si se quedaba también. Máximo decidió admitirlo con franqueza.
—Nancy Villalobos.
Nina no dejó de masticar al escuchar el nombre de Nancy.
Preguntó con el tono de quien habla del clima: —¿Exnovia?
Máximo ni confirmó ni negó.
—Salimos un tiempo.
Nina volvió a preguntar: —¿Acaso es esa exnovia que consideras el «amor de tu vida»?
Máximo no estuvo de acuerdo con esa etiqueta.
—¡No es para tanto!
Su historia con Nancy se había basado en respeto y admiración mutua. Decir que eran exnovios era mucho; ni siquiera habían llegado a una etapa de coqueteo real.
Nancy era una persona muy orgullosa.
Siendo una figura al nivel de «la reina de Puerto Neón», los hombres que la pretendían podían formar una fila de sur a norte de la ciudad.

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