Cuando Dylan Villalobos, el director del Laboratorio Génesis, fue personalmente a la Academia Omega a pedir la pasantía de Nina, causó un gran revuelo. ¡Era el Laboratorio Génesis! Entrar ahí significaba conectar con la fama y la fortuna.
Nina era solo una estudiante de segundo año, pero fue la elegida. ¿Quién no sintió envidia? ¿Quién no sintió celos?
¿Y cuál fue el resultado?
—Ha pasado muy poco tiempo y a ti, la supuesta genio, ya te devolvieron como mercancía defectuosa —dijo Esperanza—. Al final, es que no das la talla. No sé qué pensaba el director del Laboratorio Génesis, con tantos estudiantes excelentes en la Academia Omega, venir a escogerte a ti.
Con el empujón de Esperanza, el ambiente se caldeó. Sus seguidores comenzaron a burlarse y a echarle más sal a la herida.
Nina le preguntó a propósito:
—Entonces, ¿crees que el hecho de que el Laboratorio Génesis me haya escogido significa que el director tiene mal ojo?
Esperanza, creyendo tener la ventaja, no la soltó.
—Un líder con cerebro, ¿cómo se fijaría en ti? Acabas de entrar y pediste un año de permiso, casi no has ido a clases, ¿qué méritos tienes para ir al laboratorio?
Nina soltó un largo «oh».
—Entiendo, así que en tu opinión, el director del laboratorio es un imbécil sin cerebro.
Esperanza se quedó callada. Ella pensaba que tenía mal ojo, pero no recordaba haber dicho que fuera un imbécil.
Nina siguió provocándola.
—Entonces, ¿quién de todos los estudiantes de la Academia Omega crees que tiene más méritos para ser admitido?

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