—Dicen que Nina tiene algo muy fuerte con mi hermano Máximo. Querer quitarle la mujer a Máximo... estás muy verde para eso.
Desde que Nina la tenía amenazada, Sabrina había aprendido a no provocar a esa fiera. Por suerte, Nina cumplía su palabra: mientras ella no hiciera líos, sus secretos no saldrían a la luz. Después de tantas derrotas, Sabrina se había vuelto más dócil, especialmente al saber que su inalcanzable hermano también tenía sentimientos por Nina.
Pero eso no le impedía quedarse al margen disfrutando del chisme. Disfrutaba el chisme de Esperanza, el de Victoria, y ahora el de Liam.
Liam resopló molesto.
—La gran diferencia entre tú y yo es que tenemos perspectivas y niveles distintos. ¿Quién dice que para querer a alguien hay que poseerlo? Bendecir, admirar y proteger en silencio también es una forma de querer.
Sabrina hizo una mueca.
—Tu amor es tan conmovedor.
—Claro, el amor no tiene fronteras —respondió Liam.
Sabrina rodó los ojos.
Al atardecer, cuando Nina estaba por salir de la academia, se topó con Esperanza cerca de la puerta. O tal vez no fue casualidad, sino que Esperanza la estaba esperando. Al ver al grupo de aduladores detrás de ella, Nina sintió que hasta el aire se contaminaba.
Aceleró el paso, pero Esperanza la llamó.
—Nina, ¿te da miedo verme?
Nina se detuvo y se limpió el oído frente a ella.
—¿Escuché mal? ¿Dices que me da miedo verte? ¿No será que la que debería tener miedo eres tú? Esperanza, ¿quieres que te baje de tu nube a madrazos?

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