Nina levantó la mano sin voltear, indicando que había escuchado.
Hasta que Nina salió del Monarca 1908, Ramiro no recuperó el habla.
—¿El acuerdo de divorcio con la señorita Villagrán se firmó así de fácil?
Máximo dio un sorbo a su vino.
—Dame los antecedentes de Nina.
Ramiro reportó de inmediato:
—La señorita Villagrán es hija de Gonzalo y su exesposa, Jimena Villagrán. En ese entonces los Cárdenas tenían algo de dinero, pero Jimena creció en un orfanato y no se sabe quiénes eran sus padres.
—Al tercer año de matrimonio, la actual esposa de Gonzalo, Alma Téllez, usó su embarazo de mellizos para quitarle el puesto.
—Jimena no soportó la traición y se fue lejos con su hija de dos años.
—Los registros dicen que la madre de la señorita Villagrán desapareció hace más de diez años. Nina fue criada por un padre adoptivo en un pueblo al norte.
Máximo frunció el ceño.
—¿Su madre desapareció?
—Sí. Desaparecida, no muerta. Nina quedó prácticamente huérfana.
Al hablar de la relación entre los Cárdenas y Nina, Ramiro no pudo evitar mostrar cierto desprecio.
—Hace poco, Gonzalo buscó a la señorita Villagrán con la excusa de compensarla y reconocerla como hija legítima, prometiéndole parte de la herencia.
—Pero la realidad es que la familia Cárdenas quiere recuperarla por culpa de Ángel, el hermano mellizo de Victoria.
Al mencionar a Ángel, los ojos de Ramiro mostraron asco.
Era un junior malcriado que chocaba coches, peleaba y acosaba compañeros en la escuela coludido con pandilleros.
Incluso orilló a una chica al suicidio; la autopsia reveló que estaba embarazada.
Parecía que el karma había alcanzado a Ángel, quien enfermó gravemente a su corta edad y necesitaba un trasplante urgente.
—¿Qué tan buena es Victoria en hackeo? —preguntó Máximo de repente.
—De las mejores del país —respondió Ramiro con honestidad.
—¿Comparada con la hacker ZERO?
—ZERO es una leyenda en el mundo hacker. Si no fuera porque su identidad es un misterio y nadie la encuentra, usted no habría hecho trato con la señorita Cárdenas.
Máximo lo miró de reojo.
—Lástima que su sistema premiado fue vulnerado en un segundo tras activarse.
Ramiro guardó silencio.
Nina llegó al antro Zona Cero y frunció el ceño ante el estruendo de la música.
Una mano intentó tocarla por la espalda, pero antes de lograrlo, ella le agarró el brazo y casi le aplica una llave de judo.

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