Victoria nunca imaginó que sería burlada por un robot.
No, para ser exactos, quien la había burlado era Nina.
Ya había perdido la cuenta de cuántas veces Nina había jugado con ella.
Y sus seguidores, que un momento antes la admiraban tanto, ahora estaban igual de decepcionados.
Resultaba que su supuesto logro asombroso había sido obtenido robando el trabajo de otra persona.
¿Cómo podía tener la desvergüenza de seguir viviendo alguien así?
Dado que la transmisión en vivo continuaba, los trapos sucios de Victoria salieron a la luz de la peor manera.
Al ver esta escena, Ramiro negó con la cabeza y suspiró.
—Ambas son hijas de la familia Cárdenas, pero entre Victoria y la señorita Villagrán no hay punto de comparación.
—Incluso robó el proyecto participante de otra persona. Me gustaría ver cómo maneja esto la Academia Omega.
Aunque Victoria fuera una estudiante reclutada especialmente por Mauricio.
Después de hacer tal ridículo en público, sumado a su reciente y maliciosa campaña en redes para fingir ser una persona caritativa, Ramiro no creía que Mauricio Castañeda se atreviera a seguir protegiendo a Victoria intentando silenciar el asunto.
Máximo se frotó la barbilla pensativo; siempre había sentido que la relación de Nina con la familia Cárdenas tal vez no era tan simple como parecía.
Porque su fecha de nacimiento no coincidía en absoluto con los resultados de la investigación.
Si Nina fuera realmente hija de Gonzalo, su cumpleaños no debería ser en octubre.
—Ramiro, ¿se puede falsificar el ADN?
Ramiro fue tomado por sorpresa con esa pregunta.
—Estrictamente hablando, no se puede falsificar.
Lo pensó un momento y añadió:
—Claro, si alguien tiene los medios y el poder suficientes, falsificar un resultado de ADN no es imposible.
—Señor Máximo, ¿por qué pregunta eso de repente?
Ramiro era un hombre muy listo y pronto adivinó el significado detrás de las palabras.
—¿Acaso cree, señor Máximo, que un imbécil como Gonzalo no podría engendrar a una hija tan inteligente como la señorita Villagrán?
En ese momento, Ramiro sintió que había descubierto el punto clave.
—Yo también creo que la señorita Villagrán es una mutación genética.
Máximo guardó silencio.

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