Nina estaba a punto de ir a la cafetería con sus compañeros cuando recibió la llamada de Luciano Monroy.
—¿Invitas tú?
Luciano la citó para comer en un restaurante de cinco estrellas a solo veinte minutos de la Academia Omega.
—Nina, hazme el honor. Tengo algo importante que decirte.
Nina soltó una risa burlona.
—Tus supuestas «cosas importantes» nunca son buenas noticias para mí.
El tono de Luciano era firme.
—No sé si serán buenas, pero te aseguro que es un asunto serio.
Ante la insistencia de Luciano, Nina decidió aceptar la invitación.
Al llegar al restaurante, Luciano ya la esperaba en la entrada.
Seguía luciendo esa cabeza rapada que tanto llamaba la atención. Llevaba un traje hecho a la medida, impecable, con un porte impresionante, más llamativo que cualquier modelo de pasarela.
Al ver llegar a Nina, Luciano se acercó con una sonrisa.
—Nina, me alegra que no me hayas dejado plantado hoy.
Ninguno de los dos se dio cuenta de que alguien había capturado el momento de su encuentro en la entrada del restaurante.
Las casualidades existen: Nancy y sus amigas también habían ido a comer allí ese día.
No solo Nancy vio a Nina y a Luciano platicando y riendo, sino que Julieta, su amiga más cercana, también lo notó.
Entre el grupo de Nancy, Julieta era la que tenía la posición social más baja. Precisamente por eso intentaba aferrarse a Nancy como si fuera su mina de oro, buscando conseguir más beneficios para su familia.
Fue Julieta quien tomó la foto de Nina caminando junto a Luciano.
En cuanto la tomó, se la reenvió a Nancy.
—Nancy, hazme caso, mándale esta foto a Máximo.
—Te garantizo que en cuanto la vea, irá a pedirle cuentas a esa zorra.
Miraron la foto del hombre calvo caminando junto a Nina.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja