Era una sustancia negra del tamaño de un excremento de ratón; a simple vista, era imposible determinar su composición interna. Nina decidió que haría un análisis más detallado cuando regresara al laboratorio.
La puerta de la habitación se abrió desde fuera. Victoria entró sin invitación: —Nina, tenemos que platicar.
Con una velocidad impresionante, Nina metió el producto semiacabado dentro del cuerpo de su pluma giratoria. Le lanzó una mirada de duda a Victoria: —¿Qué tenemos que platicar tú y yo?
Victoria cerró la puerta y confrontó a Nina: —Hablemos de ti y de Máximo. ¿Qué relación tienen exactamente?
Nina sonrió: —¿Por qué no vas y se lo preguntas a él? ¿No te atreves o te da miedo la respuesta?
Victoria no se molestó en ocultar su verdadera naturaleza frente a Nina: —Me gusta él. Eso es algo que todo Puerto Neón sabe.
Nina le devolvió la pregunta: —¿Y luego?
Victoria ordenó con prepotencia: —Dado que es el hombre que me gusta, te pido que tengas un poco de sentido común y te alejes de él. No te aproveches de tener una cara bonita para andarte exhibiendo frente a un hombre que no te pertenece.
Nina le lanzó una verdad dolorosa: —Victoria, ya estás grandecita, ¿no entiendes que la Tierra gira alrededor del Sol y no alrededor de ti? Nadie tiene tanto tiempo libre para estarte vigilando.
—¿Qué quieres decir?
Victoria continuó con sus insultos y berrinches: —Tú, una pueblerina naca que viene del campo, no tienes ni idea de la posición que ocupa la familia Corbalán en Puerto Neón. ¿Crees que con una cara bonita vas a triunfar en la alta sociedad? ¡Te aconsejo que dejes de soñar despierta! Ya sea la familia Valdés, la familia Benítez o la familia Corbalán, nunca habrá un lugar para ti. ¿Sabes por qué?
Como no había nadie más presente, a Victoria no le preocupaba que vieran su rostro lleno de celos. —Te voy a decir la verdad: no importa qué tan perfecta sea tu cara, sin una familia poderosa que te respalde, al final solo serás un juguete en manos de esos niños ricos. Lo único que se les antoja es tu cuerpo. Con tus antecedentes de rancho, ¡querer casarte con alguien de la élite es un sueño guajiro!
Esa era la razón por la que Victoria se atrevía a insultar a Nina en privado. Aunque Nina fuera su hermana, la familia Cárdenas jamás la aceptaría. Sin el halo de ser «heredera de la familia Cárdenas», en un lugar como Puerto Neón lleno de gente poderosa, Nina no valía ni un centavo.
Nina, en lugar de enojarse, se rio. —Victoria, hazme el favor de mirarte en un espejo. Tienes una cara bonita, ¿por qué ahora tienes las facciones tan distorsionadas que te ves peor que un fantasma? Dicen que la envidia te cambia el rostro. Mírate, te acaban de salir varias arrugas de puro coraje, qué lástima.
Al ver la expresión burlona de Nina, Victoria sintió un sabor metálico y dulce subirle por la garganta.

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