Cegada por la ira, levantó la mano y le dio una cachetada a Máximo.
—¡Eres una decepción total!
Fue un golpe seco, sin piedad. La fuerza de Nina resonó en el silencio del salón.
Todos se quedaron pasmados. Nadie esperaba que el cumpleañero fuera abofeteado en su propia fiesta.
El ambiente se tensó al instante. Máximo mantuvo la cara girada por el impacto; la sangre brotó de la comisura de sus labios.
Nancy aprovechó para esconderse detrás de él, con los ojos llenos de una preocupación fingida.
—Maxi, ¿estás bien?
Yeray, el guardaespaldas personal de Máximo, estaba a punto de explotar por la actitud de esa mujer. Empujó a Nancy con fuerza, mirándola con instinto asesino.
—¡Lárgate!
Esa mujer tenía una cara bonita, pero era tan hipócrita que daba asco. Si no fuera por ella y sus intrigas, el señor Máximo no habría sido golpeado por la señorita Villagrán.
Nancy, que ya estaba herida por la tortura de Nina, cayó al suelo con el empujón. Aterrizó justo a los pies de Máximo.
Para salvar su vida, se abrazó a la pierna de él. Con su figura delicada y su belleza frágil, en medio de la desesperación, irradiaba un encanto trágico.
Miró a Nina como desafiándola. «Mira, ante la muerte, él me eligió a mí. ¿Qué importan las heridas? ¿Qué importa el dolor? Si logro mi objetivo, cualquier sacrificio vale la pena».
Máximo se sacudió a Nancy de la pierna y miró fijamente a Nina.
—Hoy es mi cumpleaños.
Nina lo miró sin ninguna emoción.
—¿Y qué?
La decepción se pintó en el rostro de Máximo.
—Pensé que me darías una sorpresa, pero me convertiste en el hazmerreír de todos.
Nina apuntó con la punta de la katana hacia Nancy.
—Mi objetivo es su corazón.
Nancy, que había sido pateada lejos, se arrastró de nuevo hacia él, fingiendo terror.
—Si querías matar a alguien, hay mil formas de hacerlo, pero decidiste armar este escenario justo en mi fiesta de cumpleaños.
Nina no retiró la espada a pesar de verlo sangrar.
—La defiendes con tanta convicción... se ve que Nancy es muy importante para ti.
—Ah, casi lo olvido. El famoso Mirko del Círculo de Brujería arregló su compromiso. Con razón te esfuerzas tanto en impedir mi venganza, tenías tus motivos ocultos.
Máximo frunció el ceño.
—Sabes perfectamente que eso no es verdad.
—No me interesa la verdad —replicó Nina con una sonrisa gélida—. Ahora, en este momento, solo quiero que esta asesina pague vida con vida.
—¿Y si decido impedirlo hasta el final?
Nina arrancó la katana de su mano con un movimiento rápido.
—¡El que me estorbe, muere!

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