Ramiro ya había recibido al menos tres llamadas solicitando la cita, pero recién hoy encontró el momento para informarlo.
Máximo no disminuyó el paso al caminar.
—¿Qué señor Villalobos?
Ramiro se apresuró a aclarar:
—El líder de la familia Villalobos, Joaquín Villalobos.
Máximo respondió con una sonrisa fría y dos palabras:
—No lo veré.
Todos los Villalobos le revolvían el estómago y le provocaban un asco visceral.
Especialmente Nancy; su maldad no tenía límites, y era una lástima que no pudieran sacrificarla como a un animal rabioso.
En cuanto a la indemnización, realmente no la necesitaba.
Lo que menos le faltaba a la familia Corbalán era dinero.
Nancy había usado métodos sucios para encerrar a Nina en los separos. Esa cuenta no se saldaba con Joaquín invitando a una cena y ofreciendo unas cuantas disculpas.
Ramiro ya se imaginaba ese resultado.
—Entendido, señor Máximo. Ya sé qué hacer.
De vuelta en la oficina, Máximo se sentó en su sillón de piel, abrió un cajón y sacó una cajita exquisitamente envuelta.
—Ya casi es Año Nuevo, hay que saldar algunas cuentas. Este es mi regalo de respuesta para Nancy. Busca un momento y envíaselo.
El regalo cuidadosamente preparado por Máximo llegó pronto a manos de Nancy.
La caja no era grande y el envoltorio era elegante.
Al saber que era un envío de Máximo, una chispa de esperanza brilló en los ojos de Nancy.
Como todavía le dolían las manos por las uñas arrancadas, sus movimientos eran torpes al abrirlo.
Mientras desenvolvía el regalo, varias imágenes cruzaron por su mente.
¿Sería un anillo de compromiso?
Aunque era una suposición audaz, no era imposible.
Máximo cargaba con el destino de la familia Corbalán.
Ya había sufrido suficiente humillación con la bofetada de Máximo, pero no esperaba que él usara este método para avergonzarla aún más.
Sin importarle el dolor en sus manos, rompió la nota en mil pedazos.
Un sabor metálico le subió a la garganta y, sin previo aviso, Nancy escupió una bocanada de sangre, producto del coraje y su frágil condición.
Esto asustó muchísimo a la empleada que estaba limpiando la casa.
—¡Señorita! ¿Está bien?
La empleada sabía que la salud de Nancy era delicada, así que no perdió ni un segundo e informó de inmediato a Andrea.
Tras un momento de caos, Nancy fue enviada nuevamente al hospital privado de Dylan Villalobos.
Después de una serie de revisiones, los médicos descartaron peligro de muerte.
Sin embargo, le advirtieron a Nancy que controlara su temperamento y tratara de mantener la calma.
Al enterarse de que su hija había escupido sangre por culpa del supuesto regalo de Máximo, a Andrea Carrillo le costó mantener la compostura habitual.
—No, esto no puede quedarse así.

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