¡Ese cabrón!
¿Acaso no tenía ni tantita madre después de todas las jaladas que había hecho?
Era un descarado...
Pero al recordar que Alonso siempre había sido un cínico de primera, Estrella se enojó todavía más.
—Sí se puede —afirmó Malcolm.
—Entonces márcale ahorita mismo.
—Deme un segundo —respondió él.
En ese momento, Estrella estaba a punto de explotar del coraje; solo quería llamarle para sacarse toda esa furia de encima.
Desde que Alonso huyó negándose a darle el divorcio, el resentimiento que sentía crecía día con día.
Y con esos mensajes que le llegaban en cualquier momento...
Estrella sentía que iba a reventar. Si no lo sacaba todo, de verdad se iba a volver loca.
Malcolm trajo su computadora portátil.
Revisó el número en el celular de Estrella, hizo un par de movimientos rápidos en el teclado y asintió.
—Señorita, intente ahora.
Estrella marcó de inmediato. Esta vez la llamada no se cortó al primer tono.
Pero después de sonar un par de veces, ¡alguien del otro lado la rechazó!
De por sí Estrella ya estaba echando chispas, y esa actitud de Alonso solo logró encenderla más.
Volvió a marcar...
A la mitad de los tonos, por fin alguien contestó.
Alonso se quedó callado del otro lado de la línea, sin pronunciar ni una sola palabra.
Ese silencio fue suficiente para llevar a Estrella al borde de la locura.
—¡Alonso! —soltó, respirando hondo.
—Dime —respondió el hombre con un tono frío.
Si se prestaba atención, se notaba cierto peligro en su voz, como si de un depredador al acecho se tratara.
Ese tono helado fue la gota que derramó el vaso. Estrella explotó.
—¡Si de verdad eres un hombre, firmame el divorcio de una maldita vez!
—¿Tanta urgencia tienes?
—Tú... —Estrella se quedó sin aliento.
¿Qué urgencia?
—¿Tantas ganas tienes de estar con Marcelo?
—¡Sí, yo te engañé todos estos años! —Alonso no tenía la más mínima intención de negar su engaño.
Lo admitía abiertamente. Él la había engañado.
—¿Y todavía tienes el descaro de vengarte de mí?
Escucharlo aceptar su mentira tan a la ligera hizo que la ira de Estrella se desbordara por completo.
Claro...
Su negativa a divorciarse era pura venganza.
Todo por lo que había pasado con la familia Echeverría; lo hacía para asegurarse de que ella jamás pudiera ser feliz con Marcelo.
—¿Con qué derecho te atreves a vengarte de mí por lo de la familia Echeverría? —Con solo recordar a esa familia, la mirada de Estrella se llenó de rencor.
—Piensa lo que se te dé la gana, pero escúchame bien: jamás en tu vida vas a poder estar con Marcelo.
—Ay, ¿en serio? —soltó ella con sarcasmo.
¿Jamás en la vida?
—¿Se te olvida que el divorcio no es la única forma de acabar con un matrimonio? También existe... la viudez.
No alcanzó a terminar la frase cuando Alonso la interrumpió:
—No te preocupes por eso, ¡soy duro de matar!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...