Estrella enmudeció.
—Aunque sea solo para arruinar tus planes con Marcelo, te aseguro que voy a vivir por mucho tiempo —agregó él.
Esa frase estaba cargada de insolencia.
Escuchar a Alonso en esa faceta tan cínica le provocó un coraje entripado a Estrella.
Se suponía que había llamado para desahogarse y sacar todo su resentimiento.
Y ahora, tras la llamada, el coraje era aún peor.
Antes de que Estrella pudiera replicar, la voz insolente de Alonso volvió a sonar:
—Mi amor, ya te lo di todo. El divorcio es imposible, ¿entendido?
Estrella seguía sin saber qué decir.
—Espérame —añadió Alonso, y en ese mismo instante le colgó.
Estrella sintió unas ganas inmensas de estrellar el teléfono contra la pared.
—¡A ti qué te voy a estar esperando, cabrón! —le gritó al celular antes de aventarlo sobre la cama.
De verdad...
Hablar de cosas serias con Alonso cuando estaba en plan insolente era pura tortura. Estrella sentía que le iba a dar un infarto.
***
La llamada la dejó tan alterada que no pegó el ojo en toda la noche.
A las dos de la madrugada, por la diferencia de horario, Violeta Pizarro le marcó.
—Estrella... estoy embarazada —le soltó Violeta en cuanto contestó.
Estrella estaba entre dormida y despierta por culpa del insomnio, pero al oír eso, se despabiló por completo.
Con la cabeza dándole vueltas, se quedó callada unos segundos antes de responder.
—Oye, pero... ¿por qué lo dices con ese tono?
Cualquiera diría que un embarazo era motivo de alegría, pero en ella no sonaba así.
Además...
La mamá de Renato Ibáñez acababa de humillar a Violeta ofreciéndole cien pesos.
¡Y justo ahora salía con que estaba embarazada!
A simple vista, era una situación absurdamente inoportuna, casi tan ilógica como las jaladas de Alonso.
¡Cierto, Alonso estaba loco!
Esa llamada nocturna le dejó la sensación de haber hablado con otra persona.
¡Siempre fue un insolente!
Pero esa actitud tan cínica rara vez salía a la luz, mucho menos con ella.
¡Estaba mal de la cabeza!
En pocas palabras... la situación era un desastre.
El simple hecho de recordar lo de los «cien pesos» dejaba claro que no iba a ser nada fácil tener a ese hijo.
¡Pero eso no se lo podía decir así nomás!
En lugar de contestarle la pregunta a Violeta, se limitó a decir:
—¿Renato sabe de esto?
—Por el momento, no.
—¿Y tampoco sabe que su mamá te humilló dándote cien pesos? —insistió Estrella.
—No, no le he dicho nada.
—¿Por qué no le has dicho?
Si un problema tan grave empezó precisamente por culpa de Renato, ¿por qué ocultarlo?
—Si se lo digo, se va a ver como si yo quisiera amarrar navajas entre ellos. ¿Tú cómo crees que debería decírselo?
Estrella guardó silencio nuevamente.
Si la señora ya había tenido el descaro de hacerle eso, ¿ella no podía decirle la verdad a su propio novio?
En su época con Alonso, Estrella nunca se había puesto a pensar en esas cosas.
Pero tras escuchar a Violeta, se dio cuenta de algo: en los temas del corazón, la lógica simplemente no existía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...