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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 807

Violeta empujó a Renato por instinto.

—¿Qué haces? Suéltame...

—Déjame escuchar.

En ese momento, el tono del hombre era tan suave y tierno que parecía temer que un ruido fuerte asustara al bebé en su vientre.

Violeta se quedó sin palabras por un instante.

—Apenas tiene el tamaño de un cacahuate, ¿qué vas a escuchar?

—¿El tamaño de un cacahuate? ¿Tan chiquito?

Al escuchar que el bebé en el vientre de Violeta era tan pequeño, Renato sintió aún más que la criatura era un milagro.

Al toparse con la curiosidad y la esperanza en los ojos del hombre, una oleada de amargura invadió el pecho de Violeta.

Renato parecía adorar a los niños. También esperaba con ansias la llegada de este bebé. Pero, entre ellos... ¿de verdad se permitiría la existencia de este hijo?

Al notar la tristeza que cruzó por la mirada de Violeta, Renato le acarició suavemente la cintura.

—No le des tantas vueltas, me tienes a mí.

Violeta sollozó un poco al escucharlo, pero no respondió.

Lo tenía a él... Por mucho que esa promesa le diera seguridad en ese instante, sabía que la decepción sería aún más profunda después.

Después de todo, eso mismo le había dicho Alonso a Estrella en su momento. Que se encargaría de todo, que lo tenía a él... Y por su culpa, la situación terminó convirtiéndose en un completo desastre.

Tal vez las personas que esperaban un hijo tendían a darle demasiadas vueltas a las cosas; así estaba Violeta en ese momento.

Sin importar lo que Renato le dijera, ella siempre terminaba pensando en Estrella y Alonso.

***

Renato se llevó a Violeta de regreso en un vuelo directo. Manejar por carretera les habría tomado demasiado tiempo, así que optó por el avión.

Al llegar a Nueva Cartavia, llevó a Violeta directo a su casa. Ella se la pasó durmiendo todo el trayecto.

Cuando despertó a punto de bajarse del coche, se dio cuenta de que Renato no la había llevado a su casa.

—¿Dónde estamos? —preguntó Violeta.

—A partir de ahora, vas a vivir aquí.

—¡No, me voy a mi casa! —soltó Violeta sin pensarlo.

Al ver esa expresión, Renato suspiró con resignación.

—Pórtate bien, ¿sí?

Violeta respiró hondo.

—De verdad puedo cuidarme sola.

Renato no respondió.

—Y, en este momento, no quiero que tu familia me haga menos.

Mientras más se acercara a Renato bajo esas circunstancias, más a la defensiva se pondría la familia Ibáñez.

—Violeta... —empezó a decir Renato.

—Llévame a mi casa, ¿por favor? —La actitud de Violeta se mantuvo firme. Sabía que, en situaciones así, era necesario mantener su distancia.

Se hizo un breve silencio por parte de Renato. Al verla tan terca, sintió un peso en el pecho.

—Quédate aquí por hoy, y mañana te llevo, ¿te parece?

En ese momento, él tenía que ir con la familia Ibáñez a dejar bien claras las cosas sobre su relación con Violeta.

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