Esa punzada constante la hizo sentir muy incómoda.
Una casa se suponía que era un lugar para sentirse a salvo.
Pero ahí, en ese momento, no sentía nada de paz.
Tenía el presentimiento de que la estaban arrastrando hacia un remolino enorme.
Solo que aún no sabía qué significaba ese remolino para ella.
Sin embargo, odiaba esa sensación. De verdad la detestaba.
—Estrella...
—Siento que me falta el... —Antes de que Estrella pudiera terminar, el zumbido del celular de Callum la interrumpió.
La atención de él se desvió al instante hacia el número en la pantalla.
Contestó la llamada: —Dime.
—¡Señor, la señorita Echeverría se cortó las venas!
Callum se quedó mudo.
Al escuchar eso, su rostro palideció drásticamente.
—¿Qué pasó?
Mientras hablaba, se levantó de un salto y le lanzó una mirada instintiva a Estrella.
Pero apartó la vista de inmediato.
Salió caminando rápido mientras le ordenaba al teléfono entre dientes: —¡Que un médico la atienda de inmediato!
La puerta del estudio se cerró de un fuerte golpe.
Estrella se quedó pasmada.
La señorita Echeverría se había cortado las venas.
Cintia se había cortado las venas...
En ese instante, le dio aún más curiosidad saber qué tipo de relación tenían exactamente Callum y Cintia.
Aunque una relación que llevara a Cintia a cortarse las venas tenía que estar bastante retorcida, ¿no?
Recordar lo alterado que se puso Callum por ella solo hizo que Estrella se sintiera aún más abrumada.
En ese preciso momento...
Entró una llamada de Alonso. Apenas Estrella contestó, él soltó: —¿Ubicas el Monte Gris?
Estrella no entendía nada.
—Te espero ahí —añadió Alonso.
Por supuesto que Estrella conocía el Monte Gris, era un parque en una colina justo en el centro de la ciudad.

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