No servía de nada que le dijera que la apoyaba.
Cuando las cosas pasaran de verdad y él decidiera no creerle, solo diría: «¡No debiste haber hecho eso!».
También saldría con frases como: «Ella no es esa clase de persona, ¡no seas tan exagerada!».
Resultaría que Adara nunca era la mala del cuento y que ella jamás haría algo malo...
Al final, la única culpable de todo sería Violeta.
Al ver la actitud de la chica, Renato sintió que le iba a estallar la cabeza.
Justo en ese momento, sonó su celular. Renato vio el número en la pantalla, se sintió todavía más irritado y rechazó la llamada.
¡Era su madre, Palmira Ibáñez!
Apenas colgó, el teléfono volvió a sonar.
Renato miró a Violeta...
—Contesta —dijo ella—. De lo contrario, se desquitará conmigo y la verdad es que no tengo ganas de ir a la cárcel.
Palmira le había dejado muy claro por teléfono que pensaba buscar que pagara por lo sucedido.
Aun sabiendo que estaba embarazada, iba a hacer que respondiera por las heridas de Adara.
¡Qué mujer tan despiadada!
Incapaz de soportar la mirada de Violeta, Renato se apartó un poco y contestó:
—¿Y ahora qué pasó?
—¿No piensas venir al hospital a ver lo que hizo tu queridita Violeta?
¡Renato sintió un sobresalto!
Al escuchar eso, volteó a verla.
Violeta seguía organizando su equipaje, dejando muy claro que estaba a punto de irse.
A Renato le palpitaban las sienes.
—¿Pues qué diablos pasó?
—¡La herida de Adara se inflamó y está infectada!
Se hizo un breve silencio del lado de Renato.
—Esa mujer le arruinó la cara a Adara, ¿y tú todavía piensas defenderla?
—Esa cortada ni siquiera era profunda, ¡cómo va a ser! —reclamó Renato.
—¿Cómo va a ser? ¡Se le infectó! Se le va a echar a perder la cara. Renato, ¿acaso no entiendes lo que el rostro significa para una mujer?
Al otro lado de la línea, Palmira estaba furiosa y le gritó con todas sus fuerzas.
—¡Ven de inmediato al hospital!
Tras ese grito, le dio la orden tajante.
Violeta tampoco supo qué decir.
—¿Por qué no me metes a mí a la cárcel de una vez? —añadió Renato.
—Eres un desgraciado...
—Primero me tratas como si yo no valiera nada y ahora quieres encerrar a tu propio nieto en la cárcel. ¿Hay algo de lo que no seas capaz?
Del otro lado de la línea, hubo un silencio tenso.
Violeta miraba la escena estupefacta.
Ante las palabras de su hijo, Palmira hervía de rabia:
—¿Vas a venir o no?
—¡No! —soltó Renato tajantemente.
—¿Crees que no me atrevería a llamar a la policía?
—Lo que te atrevas a hacer no me importa. Si intentas meterla a la cárcel, ¿acaso yo no la voy a proteger?
—Estás encubriendo a una delincuente...
—¡Pues sí, la estoy encubriendo y qué!
Su madre se quedó completamente sin palabras.
La devoción que Renato había mostrado por Adara el día anterior era ahora la misma que demostraba hacia Violeta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...