Aunque habían pasado muchos años...
¡Al final de cuentas, esa persona había fallecido justo frente a los ojos de Marcelo!
Quedaba claro lo pesada que era la promesa que le habían pedido en aquel entonces...
Marcelo le dio otra calada al cigarro y, bajando la voz, ordenó con frialdad:
—¡Detén todo por ahora!
Hace un rato Estrella había analizado la situación a la perfección, ¿acaso podía él ayudar a Mónica a fingir su muerte para escapar en este preciso momento?
Su intención era mandarla a un lugar donde nadie la conociera.
Pero ahora...
Al pensar en la determinación de Estrella por hundir a Mónica en la miseria, Marcelo sintió que le hervía la sangre del coraje.
—Entendido —respondió Eduardo.
Tras escuchar eso, no supo qué más añadir.
—¿Cree que la señorita Robles esté actuando tan a la defensiva porque Mónica la contactó en privado después de mudarse a Villa La Luna Plateada?
¿Tendría que ser eso, verdad? ¡Seguro que fue eso!
Mónica estaba acostumbrada a mostrarse superior ante Estrella, y de repente se había visto completamente aplastada por ella durante todo ese tiempo.
Apenas había tenido un respiro, ¡era obvio que iba a querer restregárselo en la cara a Estrella!
De ser así, nadie aguantaría una provocación semejante.
¡Y Estrella, por supuesto, no se iba a quedar de brazos cruzados!
Por eso había reaccionado con tanta furia al enterarse de que Marcelo estaba ayudando a Mónica.
Marcelo se masajeó la frente, sintiendo que le empezaba a doler la cabeza.
—Llámale a Mónica. Dile que si quiere seguir respirando, deje de provocar a Estrella.
—Claro.
¡Eduardo asintió!
Sin embargo, ya era demasiado tarde.
Antes, Mónica no entendía muy bien por qué Marcelo la estaba ayudando de repente, pero ahora, quién sabe cómo, se había enterado de toda la historia.
Y sin perder tiempo, le marcó a Estrella.
En ese momento, en el interior de la mansión, Estrella ya había contestado la llamada de Mónica.
A través de la bocina, Mónica habló con un tono lleno de arrogancia:
Aun así, al escuchar a Estrella tan segura de sí misma, Mónica sintió un hueco en el estómago.
Después de todo, el infierno que Estrella les había hecho pasar en la Mansión Echeverría en Nueva Cartavia no había sido poca cosa.
¡Esa mujer podía llegar a ser aterradora!
Sin embargo, al recordar que ahora la respaldaba Marcelo, logró respirar un poco más tranquila...
Marcelo no era un inútil como Alonso.
No era alguien a quien Estrella pudiera pisotear a su antojo.
—¡Ya veremos si es igual o no, el tiempo lo dirá! —remató Estrella.
Y le cortó la llamada en seco.
Acto seguido, volteó a ver a Malcolm, que estaba a su lado.
—¿Ya checaste la ubicación?
Desde el instante en que Mónica llamó, Estrella le había ordenado a Malcolm que rastreara su paradero.
Malcolm asintió con seguridad.
—Ya la tenemos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...