Y Estrella también lo había dicho por teléfono: con que Violeta se lo pidiera, ella la ayudaría.
Si Estrella la ayudaba...
Eso significaba usar el poder de la familia Harrington. Si de verdad lograba ayudarla, lo más probable era que él y Violeta no volvieran a verse en la vida.
¡Miró el equipaje que Violeta estaba empacando!
En ese momento, Renato agradeció haber llegado a tiempo.
—¡Qué cruel eres! Como no pudiste solucionarlo en el país, ¡ahora piensas irte al extranjero para deshacerte de él!
—Suéltame —dijo Violeta.
—¿De verdad no has pensado en hacer un esfuerzo por nuestro bebé?
Al fin y al cabo, era su propio hijo. Para Renato, sin importar la situación, debían luchar por él.
Sin embargo, desde el momento en que Violeta se enteró de su embarazo...
Su primera reacción pareció ser darse por vencida. ¡Nunca pensó en luchar!
Al pensar en esto, Renato sintió una punzada en el pecho, pero también tenía muy claro que no tenía derecho a culparla.
—¿Luchar cómo? —cuestionó Violeta—. Estrella ya luchó bastante en su momento, ¿no crees?
¡Y vaya que lo intentó!
Pero al final no obtuvo ningún buen resultado.
—Ellos son ellos y nosotros somos nosotros. No puedes meternos en el mismo saco —replicó él.
—Tienes razón, ¡lo nuestro está mucho peor que lo de ellos!
Y esa era la pura verdad.
Cuando Isidora se enteró de que Estrella estaba embarazada, al menos guardó las apariencias un poco.
Pero la familia Ibáñez, ¡ni siquiera se molestó en disimular!
Y con todo esto...
¿Renato todavía le pedía que luchara?
¿Aún decía que ellos eran diferentes a Estrella y Alonso? Su situación, en realidad, era mil veces más patética.
—No digas tonterías. No estamos tan mal. Yo no soy como Alonso.
—¿Ah, sí? ¿Y en qué eres diferente?
La afirmación de que era distinto a Alonso solo hizo que Violeta sonriera con más ironía.
—En que yo siempre te protegeré y siempre estaré de tu lado.
A su modo de ver, Alonso y Estrella habían llegado a ese extremo simplemente porque la actitud de Alonso nunca fue firme.
Él nunca se mantuvo fiel al lado de Estrella.
Especialmente cuando Mónica tenía algún problema, él corría de inmediato a apoyarla.
No solo con el incidente de Adara, sino también con el asunto de los cien pesos de antes.
¡Todo eso dejaba claro que lo que decía y lo que hacía no cuadraban para nada!
Al ver que Violeta sacaba a relucir el tema, Renato respiró hondo.
—¿Podemos dejar de hablar de lo de ayer, por favor?
—Entonces dime ahora mismo, ¿qué opinas de lo que pasó ayer?
Renato no supo qué responder.
¿Que qué opinaba? ¡Maldita sea!
Al ver cómo se le desfiguraba el rostro, la sonrisa de Violeta se volvió aún más sarcástica.
Se quedó mirándolo en silencio, con una mirada que ya era una burla evidente.
En el fondo, ¿qué más daba?
Ya no había nada de qué hablar...
—Ya ves —continuó Violeta—, dices que estás de mi lado, ¿pero realmente eres capaz de hacerlo?
¿Acaso lo haría?
Por supuesto que no...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...