Todos eran exactamente igualitos...
En ese instante, Estrella pudo notar el reflejo de Marcelo en la actitud de Renato.
¡No solo se parecía a Alonso, sino también a Marcelo!
—¿Y cómo se supone que debo contestar a eso? —preguntó Estrella.
—Estrella, yo voy a arreglar las cosas con ella, te pido que no te metas.
Renato lo tenía clarísimo.
Con Violeta, la mayor amenaza no era la influencia de otros hombres, ¡sino las ideas que le metían sus amigas!
Estrella era la princesa de la familia Harrington.
Si ella decidía apoyar a Violeta, a Renato le preocupaba que su novia terminara alejándose por completo.
Y ese era el último desenlace que deseaba.
Por eso, antes de que las cosas empeoraran, su prioridad era disuadir a Estrella.
—¿De verdad crees que puedas arreglarlo? —cuestionó Estrella.
La pregunta dio justo en la llaga.
Su tono de voz era incisivo, cortante.
Renato no supo qué decir.
—En el fondo sabes perfectamente que no puedes solucionar el desastre de la familia Ibáñez —remató Estrella.
—¿Por qué lo dices?
—Dejando de lado que ya tienen el antecedente de lo que pasó con la familia Echeverría, si incluso sabiendo que Violeta está embarazada siguen con la misma actitud... ¿en serio crees que vas a arreglar algo?
Si Violeta no estuviera embarazada y su familia se portara así, bueno, no habría mucho qué discutir.
El problema era que su familia seguía empeñada en rechazarla a pesar de saber que estaba esperando un bebé.
Ante semejante panorama, ¿realmente Renato iba a tener el control de la situación?
Renato se quedó mudo.
Al escuchar el razonamiento de Estrella, a Renato se le cortó la respiración.
¡El silencio sepulcral al otro lado de la línea lo decía todo!
—Si yo estuviera en tu lugar, dejaría a Violeta en paz —sentenció Estrella.
Nuevamente, Renato no supo qué responder.
¿Dejarla en paz?
Y era cierto...
Cuando vieron a Alonso tan mal, todos concluyeron lo mismo: ¡una mujer no valía todo ese desastre!
Ahora, Estrella le devolvía el golpe, regresándole su propia frase:
—Y de verdad te digo: no vale la pena destrozar todo por una mujer.
Total, era evidente que no iba a poder resolver el problema.
Y la cosa no terminaba ahí.
Violeta tampoco tenía ninguna obligación de quedarse aguantando los golpes de su familia; para ella tampoco valía la pena el sacrificio.
—¡Si vale la pena o no, eso yo lo decido! —exclamó Renato, respirando agitado.
—¡Ja!
Estrella soltó una carcajada cargada de sarcasmo.
¿Que él lo decidía? ¿Qué iba a saber él?
Con la situación al borde del precipicio, ¡quedaba más que claro que no tenía ni idea!
—Si tan seguro estás, entonces dime: ¿qué vela tiene en el entierro Adara? ¿Qué papel juega en su relación?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...