- Te ayudaré... - susurró Chloe. Ahora se sentía tan culpable por haberle hecho esa pequeña broma y verlo en ese estado tan crítico.
Dante gruñó. Ella se acercó a él, pero antes de que Chloe pudiera siquiera ponerle una mano encima, Dante la empujó bruscamente, apartándola de su camino.
- No me jodas, Chloe - siseó, pasando ambas manos por su cabeza con desesperación- Te quiero lejos de mí...
Dante se dio la vuelta y subió las escaleras a zancadas. No fue a la habitación que compartía con Chloe, sino a su antigua recámara; sabía que no podía estar cerca de ella sin perder el control por completo.
Chloe se quedó quieta, procesando el rechazo mientras veía a su esposo alejarse para encerrarse solo. La culpa le pesaba, pero el portazo que dio Dante al entrar a la otra habitación le dejó claro que él no quería verla.
Dante entró al cuarto, se quitó la camisa de un tirón y se tiró al suelo, tratando de respirar hondo.
Vagos recuerdos llegaban a su mente; estar drogado de esa manera era un tormento absoluto.
Ni siquiera podía tolerar el hecho de saciarse con Chloe en ese estado. Para él, tomar a una mujer bajo el efecto de una sustancia era una aberración.
Chloe no pudo quedarse atrás. Entró a la habitación de golpe y encontró a Dante en el suelo, luchando contra sus propios instintos y contra esos recuerdos que lo atormentaban.
- ¡Largo! - Grito Dante furioso. - ¿Cómo pudiste hacerme esta m****a?
Caminó a paso firme hasta ella y se detuvo bruscamente a solo unos pasos. Esas imágenes que volvían a su mente eran un tormento que había intentado mantener en el olvido por muchos años, y verse en ese estado, vulnerable y drogado, era como revivir su peor pesadilla.
- Lo siento, yo...- Susurro con voz tembiorosa, retrocediendo unos pasos.
¿Lo siento? - repitió Dante, soltando una risa amarga y carente de humor - Crees que todo es un juego, pero estar así, sin control sobre mi propio cuerpo... es lo que más odio en este maldito mundo.
Dante dio un paso más, acortando la distancia, obligándola a chocar contra la pared, su mirada era fría, llena de un resentimiento que Chloe no terminaba de comprender del todo.
- Largo, Chloe. No quiero verte - Ordeno con su ronca voz.
Dante se volvió a alejar de inmediato. Caminó a pasos pesados hacia el baño mientras se desabotonaba los pantalones. Entró y cerró la puerta con un fuerte golpe, colocándole el seguro.
Chloe se quedó inmóvil tratando de procesar la reacción de Dante. No esperaba que fuera así; pensó que, en el peor de los casos, él simplemente cedería al deseo. Incluso ahora, la culpa la carcomía más; sentía que había algo oculto para que él actuara de esa manera ante una situación que, para cualquier otro, habría sido una oportunidad de placer.
Dentro del baño, Dante se metió a la regadera, dejando que el agua helada cayera sobre él.
Mientras aquellas memorias seguían atormentándolo, apretó sus ojos con fuerza, tratando de sacudir esas imágenes, pero era inútil; estar en ese estado le hacía revivir ese amargo momento de su vida.
Para él, estar drogado no era un juego erótico; era volver a ser la víctima que no pudo defenderse, el hombre que perdió la voluntad ante los deseos de alguien más.
Golpeó con fuerza la pared hasta desangrarse, combinando su sangre con el agua helada que caía sobre él.
Dante se dejó caer sobre el colchón, agotado, dejando que el doctor hiciera lo que tenía que hacer. Después de un rato, el doctor se marchó, dando indicaciones estrictas a Dante sobre el descanso y dejando instrucciones al mayordomo sobre la curación de sus manos.
- ¿Señor? - el mayordomo entró de nuevo a la habitación, esperando las nuevas indicaciones de su señor.
¿Dónde está la señora? - preguntó Dante, manteniendo su mirada fija en el suelo.
- En su recámara, señor - respondió el mayordomo con cautela.
- Bien, retírate - Dante se levantó con esfuerzo, y caminó hacia su armario para ponerse algo de ropa.
Por fortuna, no habían trasladado toda su ropa a la habitación de Chloe; encontró una de sus finas pijamas y se la puso de inmediato. Mientras lo hacía, recordó la forma en la que le había gritado a ella bajo los efectos de la droga. Sin embargo, sabía que no había tenido opción: de haberse dejado llevar, habría cometido algo de lo que se arrepentiría después.
- Carajo - susurró con pesadez. Su mente seguía atormentándolo con ese trauma del pasado que creía haber enterrado por completo.
Ivanna llegó a la dirección de la tarjeta con la mandíbula apretada y el pulso acelerado. Era una ironía sangrienta: estaba cayendo en su propia trampa. Pero no podía evitarlo. Aleksei Volkov era el hombre ideal para ella, y la sola idea de compartirlo le revolvía las entrañas. No iba a permitir que unas putas baratas se encargaran de saciar a ese semental; ese privilegio, ese derecho de propiedad, le pertenecía únicamente a ella.
Al llegar al ascensor, los hombres de Aleksei, que custodiaban el lugar, le hicieron una reverencia y le abrieron paso de inmediato. Uno de ellos se encargó de presionar el botón del último piso, donde se encontraba Volkov. Ivanna entró en la cabina mientras las puertas se cerraban de par en par, sintiendo la impaciencia por llegar. Arriba, Aleksei esperaba la llegada de su futura esposa, sabiendo perfectamente que ella no tardaría en aparecer.
Finalmente llegó al piso indicado y las puertas se abrieron de par en par, revelando el lujoso penthouse. Aleksei estaba solo, sentado en un sofá de cuero con un vaso de whisky en la mano y la camisa abierta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Prostituta de Lujo. Esposa de Papel
Es una novela muy buena, y lo que más me gusto es que es corta....