Capítulo 250 Chloe e Ivanna llegaron a la villa Montenegro. A pesar de que Ivanna todavía vivía oficialmente allí con su abuelo y su madre, desde que se comprometió con Aleksei pasaba la mayor parte del tiempo en el departamento de él.
- Señorita Montenegro, señora Montenegro - saludó la empleada al recibirlas.
- ¿Dónde está mi mamá? - preguntó Ivanna con una leve sonrisa.
- La señora salió desde muy temprano -comentó la mujer.
Ivanna arqueó las cejas. Su madre rara vez salía de casa; de hecho, recordaba muy pocas ocasiones en las que lo hiciera. A pesar de su estatus como la viuda de Damián Montenegro, mantenía un círculo social extremadamente cerrado y casi no tenía amistades que frecuentar.
- Bueno, podemos esperarla -dijo Ivanna, sacando su teléfono y enviándole un mensaje rápido para informarle que estaban en la villa- ¿Mi abuelo está en su despacho?
La empleada negó nuevamente.
- El señor salió después de tomar su desayuno -respondió.
Ivanna cruzó los brazos, cada vez más extrañada de que ninguno de los dos se encontrara en la mansión, rompiendo con su costumbre de años.
- Tenemos tiempo -dijo Chloe, aunque también sentía la extrañeza por la ausencia simultánea del abuelo y de su suegra.
- Cierto -sonrió Ivanna tratando de restarle importancia- Por favor, lleva unos aperitivos a mi recámara.
Las dos subieron a la recámara de Ivanna; aprovecharían el tiempo para buscar algunos diseños de vestidos de novia en lo que Eva llegaba.
Chloe sacó su teléfono una vez que tomó asiento en la cama. Tenía un mensaje de Dante preguntándole dónde se encontraba. Aunque era obvio que él ya debía saberlo por medio de los guardaespaldas que la custodiaban, ella le respondió de inmediato.
- Muy bien, quiero un vestido sexy -dijo Ivanna, sentándose a su lado con la tablet en las manos.
- Lo supuse -respondió Chloe, conociendo perfectamente los gustos de su amiga.
****** Abajo, Eva Montenegro finalmente llegaba a la villa.
Para su sorpresa, se encontró de frente con Damon Montenegro, quien también regresaba en ese momento.
Suegro -dijo ella con una sonrisa nerviosa.
- Eva, ¿estabas fuera? -preguntó Damon con calma.
- Sí, fui a desayunar con unas amistades de la sociedad -contestó Eva, controlando su postura.
Damon asintió y no cuestionó más; después de todo, ella tenía derecho a salir y distraerse.
- ¿Usted dónde estaba? - preguntó Eva, con curiosidad.
- Fui... -hizo una breve pausa- a ver a un viejo amigo.
Eva asintió, sin preguntar más. Ambos entraron a la casa, donde fueron recibidos por la empleada, quien les hizo una reverencia.

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