Gala entró a la habitación ya familiar para ella, pero se llevó con la sorpresa de estar sola, camino hasta la cama y se sentó en la orilla, ¿Acaso se fue? No, no podía ¿O sí? Suspiró pesadamente, si se había ido entonces esa noche sería en vano.
La puerta de baño se abrió bruscamente, ella se levantó y lo miró de pies a cabeza, estaba totalmente mojado, una toalla cubría de sus caderas hacia abajo, no pudo evitar morder su labio inferior, un idiota completamente sexy, ese era su esposo.
Él la observó con aquella sexy lencería que pronto estaría hecha un desastre en el suelo.
- Llegas tarde- Dijo con su voz ronca, devorándola con la mirada
Gala no respondió, camino de manera sensual hacía él, acercándose hasta quedar a pocos centímetros de su torso húmedo, sin dudarlo extendió sus manos acaricio su firme abdomen, subiendo con lentitud hacia sus hombros anchos.
Dante la sujetó de la cintura, pegándola a la tela de la toalla, sus manos bajaron con posesividad hasta sus redondas y firmes nalgas, apretando con fuerza, que la hizo soltar un gemido.
Él no espero más, hundió sus dedos con fuerza en la redondez de sus glúteos y la elevo, obligándola a ella envolver sus piernas alrededor de la cintura de él, sintiendo la humedad de su pie, mientras Dante la llevaba hasta la cama.
La dejo caer sobre el colchón, él se coloco entre sus piernas, se quedó observando en silencio la firmeza de sus tetas, extendió sus manos grandes hacia ambos senos, liberándolas de la tela de encaje, se inclinó a la altura de su busto y hundió su rostro entre ello con una desesperación, devorando con su boca, succionando uno de sus rozados botones, pero su mente le jugo de manera traicionera, recordando las tetas de su esposa, que le mostró en la cocina, sin siquiera poder tocarlas, sentir la firmeza de lo perfectas que era. Soltó una maldición, empezó a lamer con más fuerza, mientras sus manos seguían apretando con más presión.
- ¡Dios! – Gimió Gala mientras sentía la lengua de él jugar sus tetas firmes.
Dante succionaba y mordía cada seno, mientras sus manos, amasaba con urgencia sin darle tregua.
Gala sentía la presión entre sus muslos, él no se detenía ante ese placer que le estaba dando, llevó una mano hacía abajo y frotó con intensidad sobre su humedad, mientras seguía devorando sus tetas de manera salvaje.
Gala arqueo la espalda, enterrando sus uñas sobre los hombros de él, el ritmo experto de su boca la llevaron al límite en cuestión de segundos.
- ¡Si, justo ahí! – Grito ella perdiendo el control
Se tenso al sentir los espasmos recorres desde la punta de sus tetas, su cuerpo tembló bajo él, mientras Dante seguía succionado su piel con fuerza, disfrutando de su liberación

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