Dante se dejo caer sobre ella, con su respiración agitada, no se aparto de inmediato, rodeó el cuerpo de Gala con sus brazos,
Ambos se quedaron así, en un silencio que solo era interrumpido por sus jadeos. Gala, sentía sus lágrimas de rabia contenida mezclándose con el sudor, envuelta en los brazos del hombre que la había despreciado tantos años, era una tortura agridulce.
Dante acaricio su cabello, y apretó el abrazó, se sentía extraño en esos momentos, sentía una culpa pesada que no lograba procesa, jamás antes le había pasado. Pero abrazado a esa mujer que acababa de cogerse con tanto deseo, sentía que algo estaba mal.
- Maldita sea- Murmuro para sí mismo, apretando más el abrazo mientras hundía su rostro en la curva de su cuello.
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El teléfono de Dante lo obligó a despertar, toda la noche había estado con ella, se giró para encontrarla durmiendo con ese antifaz, que parecía ser parte de ella, inclinó su mano y rozo sus dedos sobre la tela de encaje, ¿Qué se escondía detrás? ¿Facciones delicadas? Esa culpa de la noche seguía allí, haciéndole sentir que estaba cruzando una línea de la que no habría retorno.
Sintió el impulso de arrancarle la máscara y descubrir su rostro.
- ¿Por qué m****a me importa tanto su cara? – Susurró levantándose bruscamente.
El teléfono volvió a sonar con insistencia, no tenía tiempo de seguir ahí, tenia trabajo que hacer, pero la vería de nuevo esa noche, ella era su prostituta, pagaba por cogerla, su rostro debía ser lo de menos a esas alturas.
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Gala despertó unos minutos después ya estaba sola, llevó sus manos a su rostro para asegurarse que el antifaz siguiera ahí, se sentó en la cama, envolviendo su cuerpo pegajoso con las sábanas, soltó un largo suspiró y mordió sus labios, sus sollozos empezaban a escaparse, en esos momentos se sentía tan vulnerable, había tenido que convertirse en la “prostituta” para su propio esposo.
- Soy una estúpida- Dijo soltando una risa amagar.
Que ironía era estar celosa de sí misma. Pero ya no había marcha atrás tenía que continuar con su venganza, Dante se arrepentiría de su abandono por cuatro años.
- Vas a rogarme Dante – Susurro con su voz fría, recuperando su compostura- Juro que te vas a arrastrar ante mí – Gruño enterrando sus uñas sobre las sábanas.


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