Capítulo 246
Al abrir los ojos, Chloe se encontró con la mirada de Dante, quien no dejaba de observarla. A pesar del incidente del día anterior, la noche había terminado como ella quería, celebrando su cumpleaños a solas con él.
Dante tomó una rosa roja y la pasó con delicadeza por el rostro de ella, delineando sus facciones.
-Dante... -dijo ella entre risas por el cosquilleo.
- Te ves muy hermosa - susurró él, mientras rozaba sus labios con los pétalos.
Dante apartó la rosa y la besó. El beso, que empezó siendo suave, fue subiendo de intensidad mientras él se acomodaba encima de ella.
Chloe separó las piernas para dejarle espacio en medio y sintió la presión de su miembro contra su intimidad, que ya estaba húmeda.
Los besos de Dante bajaron por su cuello hasta sus senos. Tomó uno de ellos con la boca y succionó el pezón, que ya estaba duro. Chloe empezó a gemir mientras envolvía la cintura de Dante con sus piernas y hundía los dedos en su cabello para mantenerlo ahí.
Oh, Dante -gimió ella en un susurro.
Dante pasó al otro seno, lo lamió y lo succionó, terminando con un mordisco en el pezón que hizo que Chloe arqueara la espalda. Continuó bajando, mientras lamía y succionaba su vientre dejando marcas a su paso.
Sujetó las piernas de Chloe, abriéndolas lo suficiente para hundir su rostro entre ellas. Chloe echó la cabeza hacia atrás cuando sintió la lengua de Dante recorrer su clítoris con movimientos lentos. Sus gemidos aumentaron mientras él seguía succionando y lamiendo. Ella apretó las piernas alrededor de él cuando sintió que el orgasmo estaba cerca, pero Dante se apartó bruscamente.
- No es justo -soltó ella, molesta porque se detuvo.
Dante soltó una carcajada, la tomó de los muslos y, sin previo aviso, la penetró de una sola estocada que le sacó el aire.
- Vamos, amor, gime para mí. Quiero escucharte - gruñó Dante mientras colocaba las piernas de ella sobre sus hombros y la embestía con fuerza y rapidez.
En esa posición, Chloe sentía cómo el miembro de Dante golpeaba lo más profundo de su interior.
Empezó a soltar gemidos que llenaron la habitación mientras sus dedos se aferraban a las sábanas.

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