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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 104

Alejandro Silva entrecerró los ojos. La luz a sus espaldas parpadeaba intermitente, envolviéndolo como una red que ocultaba sus verdaderas emociones, volviendo imposible descifrar si estaba furioso o satisfecho.

Levantó la mano para aflojarse un poco el cuello de la camisa y dijo con voz profunda:

—Lleva a la señorita Garza a su casa.

Valeria aún se preguntaba a quién le estaba dando esa orden cuando vio aparecer a Santiago de la nada.

—Señorita Garza, vámonos.

Aitana Garza se puso pálida de inmediato y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Ese llanto contenido habría conmovido a cualquiera.

Pero el hombre no hizo el menor intento de detenerla; claro está, como ella no había dicho nada, él jamás podría notar su dolor.

Adentro, algunas personas ya se habían dado cuenta del alboroto y estiraban el cuello intentando asomarse.

Aitana no pudo soportarlo más y salió corriendo.

Al marcharse esas dos personas, el espacio se sintió mucho más amplio.

Valeria, actuando como si no notara la tensión en el aire, se cruzó de brazos. Sus pálidos brazos resaltaron la figura envidiable de su pecho.

—Señor Silva, ¿podría decirse que acabo de quitarle un problema de encima?

Alejandro no contestó; su mirada atrapó con asombrosa precisión a la mujer frente a él.

Dio dos pasos hacia adelante con un aura tan imponente que dejaba sin aliento.

El repentino aroma masculino invadió sus sentidos y Valeria sintió que su mente se ofuscaba por un momento.

Al segundo siguiente, un dolor agudo atravesó su mandíbula.

Él la había tomado por la barbilla y su rostro, frío y amenazante, estaba a centímetros del suyo.

—Señora Silva, entraste muy rápido en el personaje. Pero atreverte a dar órdenes de esa manera sobre mí y los que me rodean... ¿no te parece que cruzaste la línea? ¿Eh?

Se había quedado callado porque quería ver hasta dónde llegaría la insolencia de esa mujer.

Y vaya que logró sorprenderlo.

El agarre de Alejandro no le permitía hablar, así que Valeria solo pudo clavarle la mirada con sus grandes ojos.

Esa última frase sonó prácticamente como una amenaza.

Su apuesta era que él necesitaba ese matrimonio para mantener tranquilo a su abuelo y... porque consideraba que ella podía aportarle un mayor beneficio.

Si realmente quisiera a Aitana Garza, ya se habría casado con ella.

Y el hecho de no haberlo hecho significaba dos cosas: o Aitana no era tan importante, o...

Estaba esperando recuperar la vista para ofrecerle a la verdadera dueña de su corazón la boda perfecta.

La profunda mirada de Alejandro no se posaba en ningún punto en particular; su expresión indiferente y distante lo hacía ver como si no perteneciera a ese mundo de engaños y codicia.

Tras un momento, unas palabras escaparon de sus labios.

—Puedes intentarlo.

¿Intentar qué?

¿Intentar seguir deshaciéndose de las mujeres a su alrededor o intentar buscarse otros hombres?

Valeria esbozó una sonrisa; daba igual a cuál se refiriera, la cuestión más importante que quería descubrir ya había sido respondida.

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