En la oscuridad de la noche, las pupilas del hombre parecían una galaxia derramada, salpicada de estrellas, profundas y parpadeantes.
Se detuvo por varios segundos antes de levantar la mano para apartar a la mujer que tenía encima.
—¿Mmm?
Los hermosos ojos de Valeria destilaban un magnetismo cautivador. Le besó la comisura de los labios y susurró:
—Continúa.
Perfume, velas, luces tenues, música sugerente.
Todo parecía estar preparado para una sola cosa.
Alejandro sostenía a la mujer por la cintura. El tacto suave bajo sus palmas le confirmaba sin lugar a dudas que...
Esa mujer solo llevaba una bata de baño, y lo más probable es que no hubiera nada debajo.
En medio de su visión borrosa, la belleza de ella resultaba abrumadora. Su mirada brillante era una invitación clara, envuelta en una inocencia llena de dobles intenciones.
Alejandro entrecerró los ojos, mirándola fijamente por un instante con una intensidad abrasadora, y luego, con un movimiento rápido, la acorraló contra la pared.
Valeria no pudo evitar soltar un gemido ahogado.
En un escenario como aquel...
Sonaba más bien como un jadeo de placer.
—Al usar estos trucos una y otra vez, la señorita Figueroa demuestra tener mucha confianza en su propio encanto —le dijo Alejandro, manteniéndola contra la pared a escasos centímetros. Su voz era tan fría como el hielo.
—Tengo que suavizar las cosas entre nosotros.
Valeria lo miró hacia arriba con una expresión radiante y sincera.
—Las parejas se pelean de día y se reconcilian en la cama, ¿no es así como dicen?
Ella señaló hacia la cama y, al darse cuenta de que a él le faltaba algo, añadió con voz dulce:
—Te preparé un regalo, ¿quieres ir a verlo?
Era una corbata.
Mientras ella se duchaba, le había pedido a Camila que se la trajera de inmediato.
En realidad, Valeria ni siquiera sabía de qué color era.
Alejandro no se movió ni mostró ninguna reacción. Cerró los ojos por un momento, como si intentara controlar sus emociones.
Un instante después.
Dio un paso atrás.
Se aflojó el cuello de la camisa que lo asfixiaba y dijo con voz ronca:
Sin embargo, al segundo siguiente, el hombre se enderezó, sacó su celular y se apartó sin dudarlo.
...
¡Ese hombre debía estar enfermo!
Valeria se pasó la mano por el cabello con frustración, jadeando mientras miraba al techo. Al recordar el destello de la pantalla, supo de inmediato que esa llamada... era de Aitana Garza.
¿Acaso Alejandro había adivinado quién llamaba y por eso la besó, buscando provocación?
Valeria giró la cabeza para mirar hacia el balcón.
El hombre permanecía con una postura recta. El viento le revolvía ligeramente el cabello, resaltando aún más sus facciones perfectas. Tenía el ceño fruncido y parecía estar a punto de perder la paciencia.
El vidrio aislaba muy bien el sonido, así que no podía escuchar lo que decía.
...Pero no parecía nada bueno.
Valeria se apoyó de costado. Su bata de baño ya estaba bastante suelta, pero no le importó. Simplemente se dedicó a admirar la vista desde el balcón.
Por fin, él colgó.
Alejandro apoyó ambas manos en la barandilla.
Tendía la camisa abierta, y la parte inferior, que originalmente estaba dentro del pantalón de vestir, había sido sacada a tirones por ella, dándole un aspecto desaliñado y relajado, irradiando un aura salvaje y rebelde.

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