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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 133

—Entonces estaciónalo por mí.

Valeria irradiaba cierta pereza y le lanzó las llaves del auto con naturalidad.

—Ten cuidado. Si le haces un rayón a este auto, no tendré cómo pagarlo.

El guardia echó un vistazo.

Era solo un Volkswagen. ¿Qué iba a ser impagable?

En realidad no quería hacerlo, pero ante el hermoso rostro de Valeria, se sintió incapaz de negarse.

Con una sonrisa, Valeria le dio las gracias y se dio la vuelta para entrar al edificio.

Santiago había dejado dicho que la dejaran pasar, así que entró a la oficina del director sin ningún problema.

—Señorita, el señor Silva sigue en reunión. Tendrá que esperar un momento.

Santiago le sirvió un vaso con agua y se lo ofreció.

Al ver la mirada inescrutable de Valeria, sintió una leve punzada de arrepentimiento.

Haberla dejado subir así, ¿haría que el jefe se enojara?

Pero luego pensó: él tampoco prohibió explícitamente que la señorita Figueroa viniera.

Justo cuando estaba inmerso en sus pensamientos, la puerta de la sala de reuniones se abrió.

Los altos ejecutivos comenzaron a salir uno tras otro, hasta que finalmente apareció la figura alta y esbelta del hombre.

Santiago se armó de valor, se acercó y murmuró:

—Señor Silva, la señorita Figueroa ha venido a almorzar con usted.

Alejandro frunció el ceño de inmediato.

—¿Tú le dijiste que viniera?

—... —Acaso podía decir que sí?

Santiago puso una expresión de sufrimiento.

—Ella le mandó un mensaje, pero como usted no respondió, me buscó a mí.

Alejandro levantó la carpeta que llevaba en las manos, amenazando con golpearlo. Santiago se apresuró a añadir:

—¡Señor Silva, señor Silva...! A fin de cuentas, la señorita Figueroa es la señora de la casa. ¡No podía negarme a lo que me pidió!

Apenas terminó de hablar, su mirada se desvió hacia la puerta de la oficina.

La mujer estaba allí parada, luciendo un elegante vestido negro que la hacía ver tan misteriosa como deslumbrante, con los brazos cruzados, como si estuviera viendo un buen espectáculo.

Al notar que Santiago la miraba, incluso arqueó una ceja.

Como si dijera: ¿Por qué te detienes?

—...

—Camina despacio, voy a traer el auto.

El sonido de sus tacones resonaba por el piso mientras trotaba. Sabía que Alejandro no quería que nadie se enterara de su relación, al menos no por ahora.

Entonces, no iba a ser ella la que resultara pesada o inoportuna.

Al salir al vestíbulo, los ojos del guardia de seguridad se iluminaron en cuanto la vio.

—Señorita, su auto no está registrado en el sistema de la empresa, así que solo pude dejarlo en el estacionamiento de allá. Yo mismo le pagué la tarifa. ¿Qué le parece si... me pasa su WhatsApp? La próxima vez que necesite ayuda con algo, solo llámeme, estoy a la orden.

Esta mujer era sumamente atractiva, pero solo conducía un Volkswagen.

Él, en cambio, trabajaba como guardia en el Consorcio Silva y estaba a punto de ser ascendido a capitán. No sería una mala pareja para ella.

Mientras más lo pensaba, más le agradaba la idea, y su sonrisa se hizo más amplia.

Valeria curvó los labios pintados de rojo.

—Claro, por qué n...

—¿A quién le vas a dar el WhatsApp?

Ambas voces sonaron al mismo tiempo. Valeria se volvió y vio el rostro frío e increíblemente apuesto del hombre. Con solo estar de pie allí, era capaz de acaparar todas las miradas.

Él clavó una mirada sombría en el guardia y repitió:

—Te pregunto, ¿el WhatsApp de quién?

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