Camila no pudo evitar soltar un par de insultos.
—Esa Aitana Garza... se supone que es una gran estrella, ¿cómo es posible que haga este tipo de bajezas?
—Ser famosa es solo una profesión, no te dejes engañar por las apariencias —dijo Valeria entrando al cuarto de baño y dejando el celular en el lavamanos—. Como sea, más vale prevenir. Que alguien la vigile.
—Entendido.
Camila le dio un breve reporte de otros temas de trabajo y colgó.
Valeria estaba a punto de meterse a la ducha cuando un mensaje de texto no leído captó su atención. Miró el número en la parte superior de la pantalla, frunció levemente el ceño y se quedó inmóvil por un buen rato antes de entrar al agua.
Pasó media hora.
Cuando Alejandro salió, ya había un bulto envuelto en las cobijas sobre la cama.
Estaba encogida, de lado, completamente inmóvil, como si estuviera profundamente dormida.
Los ojos de Alejandro se oscurecieron. Caminó hacia el otro lado de la cama y levantó las cobijas.
Apenas se acostó, la mujer rodó hasta meterse en sus brazos.
—Duérmete tranquila. Si te vuelves a mover, te saco a patadas de aquí.
Valeria murmuró algo ininteligible en señal de asentimiento, pero su mano ya se había deslizado por debajo de la pijama del hombre. Abdomen perfecto. Definitivamente, se sentía de maravilla.
Alejandro intentó ignorarla, pero la mujer iba cada vez más lejos. Sus dedos rozaron el borde del pantalón con la suavidad de una pluma, enviando una corriente eléctrica por todo su cuerpo.
Y entonces, ella tiró un poco de la tela.
—Valeria...
—Valeria, me lleva el...
Antes de que él pudiera terminar, ella lo interrumpió imitando su tono autoritario. Retiró la mano de la zona de peligro y, en su lugar, se aferró a su cintura.

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