Rosalía negó con la cabeza, luciendo abatida.
—No hace falta, de verdad, yo tengo mi propio dinero.-
Valeria no tenía energía para seguir escuchando su teatrito. Durante los tres años que había estado con Mauricio, jamás había gastado un centavo suyo. Ahora que conocía su verdadera identidad como el heredero de San Cristóbal, no pensaba desaprovechar la última oportunidad de exprimir su billetera.
Al menos Mauricio era consciente de su papel.
Mientras Valeria seleccionaba prendas y accesorios sin mirar los precios, él caminaba detrás encargándose de pagar las cuentas.
Fue así hasta que entraron a la exclusiva boutique de Hermès. Rosalía se mordió el labio inferior antes de hablar.
—Hermana... el Dr. Guzmán ya ha gastado muchísimo dinero. ¿No prefieres que miremos en otra tienda?
—¿Qué pasa? ¿Te duele que me gaste su dinero?
—...
Valeria la miró de reojo y luego se dirigió al hombre a su lado, usando un tono cargado de sarcasmo.
—No te preocupes, al Dr. Guzmán le sobra el dinero, ¿verdad, doctor?
Mauricio soltó una afirmación monótona sin cambiar de expresión. Respondió a la pregunta de Valeria, pero sus ojos nunca dejaron de mirar a Rosalía.
—Si hay algo que a Rosalía le guste, diles que te lo envuelvan.
Rosalía lo miró, fingiendo estar abrumada.
—¿De verdad, Dr. Guzmán?
—De verdad.
Valeria soltó una risa burlona, aburrida de ver cómo se devoraban con la mirada.
Se dio la vuelta y continuó revisando los bolsos por su cuenta.
Rosalía miró a Mauricio con fingida impotencia, sus ojos irradiando una inocencia pura, como si estuviera acostumbrada a ser marginada por su hermana.
Mauricio frunció levemente el ceño, y un destello de compasión cruzó por su mirada.
Al ver que Valeria estaba distraída conversando con una vendedora, Rosalía se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja con timidez y murmuró en voz baja:
—Dr. Guzmán, la última vez que me desmayé fuiste tú quien me llevó al hospital. Aún no he tenido la oportunidad de agradecértelo.
—Lo más importante es que estés bien.
La voz de Mauricio era profunda y suave.
—Yo era el que estaba más cerca, solo fue una coincidencia.
Valeria, que no estaba muy lejos, escuchó la conversación y casi soltó una carcajada.
¿Coincidencia?
Dondequiera que estuviera Rosalía, Mauricio casualmente siempre era la persona más cercana, listo para garantizar su seguridad en todo momento.
¡Qué ridícula excusa!
Mientras Rosalía y Mauricio hablaban, la mirada de la chica se detuvo en unos bolsos exhibidos en la vitrina principal.



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