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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 329

Alejandro tenía una mirada oscura y profunda, tan inescrutable que nadie podría descifrar lo que pensaba. Se quedó mirándola fijamente por un momento y dijo con voz gélida:

—¿No fue eso tu propio karma por buscar problemas?

—Yo te drogué, es verdad, pero responder con más violencia tampoco era la mejor salida.

—A eso se le llama darte a probar de tu propia medicina.

—...

—Está bien —Valeria apretó sus labios pálidos, su voz sonaba muy débil—. Fue mi culpa, pero, Alejandro...

—Yo también siento miedo.

Esas palabras, dichas casi sin entonación, eran probablemente las más sinceras de todas.

Si se lo hubieran preguntado el día anterior, Alejandro ni siquiera habría podido imaginarse cómo se vería ella asustada.

—Sube a dormir conmigo —dijo Valeria, moviéndose hacia un lado para hacerle espacio.

Alejandro dudó dos segundos antes de levantar las sábanas y acostarse.

Apenas se acomodó, el suave cuerpo de la mujer se acurrucó contra él, abrazándolo por la cintura con una necesidad absoluta de consuelo.

A través de la fina tela de su ropa, la temperatura de sus cuerpos parecía intercambiarse, generando un calor inesperado.

Si fuera en cualquier otra ocasión, ella ya habría empezado a provocarlo.

Pero hoy no.

Simplemente se quedó abrazada a su cintura en silencio y cerró los ojos. Su rostro seguía tan pálido como el papel, pareciendo una flor marchita tras una fuerte helada.

Alejandro frunció el ceño y levantó una mano para apartar los mechones desordenados detrás de la oreja de ella, dejando a la vista todo su hermoso rostro. La mejilla izquierda seguía hinchada; la marca del golpe era innegable.

—¿Qué te hizo exactamente? Dímelo.

—Me tocó.

La voz de Valeria era un susurro. Al hablar de ello, se apretó aún más contra el pecho de Alejandro.

—También dijo que tú jamás podrías fijarte en mí y que rendirme ante él era mi mejor opción.

—Como no quise, empezó a golpearme. Todavía me duele mucho el cuerpo, todo fue por sus golpes. Y además...

Valeria respiró hondo.

—Me quitó la ropa. Vio todo lo que no debía ver.

Alejandro no dijo una palabra, pero la arruga en su entrecejo se llenó de un frío aterrador. La mano que descansaba sobre el rostro de ella se apretó sin darse cuenta, marcando las venas del dorso.

Valeria, por supuesto, notó el cambio en su estado de ánimo. Levantó la mirada hacia su mandíbula tensa.

Capítulo 329 1

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