La mirada de Mauricio se tensó de golpe y desbloqueó la pantalla.
El mensaje no era largo, pero el contenido fue suficiente para hacer estallar toda la rabia que había estado conteniendo.
*Señor Guzmán, pensaba agradecerte por tus cuidados estos últimos tres años, pero luego recordé que te pagué un sueldo por ello, así que me ahorraré los agradecimientos. ¿Escuché que siempre has estado enamorado de Rosalía? Bueno, después de todo es hija de mi padre, y como soy una persona de buen corazón a la que le gusta hacer buenas obras, he decidido dejarles el camino libre. No tienes que agradecérmelo.*
*Por si no fui lo suficientemente clara: tú y yo terminamos.*
Cada palabra reflejaba su absoluta firmeza.
No era una negociación, era una simple notificación.
El rostro de Mauricio se oscureció por completo. Incapaz de soportarlo más, arrojó el celular con furia por la ventana.
El asistente contuvo el aliento y preguntó con timidez:
—¿Señor Guzmán?
El hombre no respondió. Sus ojos inyectados en sangre estaban oscurecidos por la ira.
Valeria...
¡Te crees muy lista!
Jamás imaginó que algo que había planeado durante tanto tiempo sería arruinado por completo por una mujer.
Mauricio apretó la mandíbula y dijo con voz lúgubre:
—Al aeropuerto.
Pase lo que pase, primero tenía que realizar la cirugía de Rosalía.
Y en cuanto a esa mujer...
¡No creía que pudiera esconderse para siempre! ¡Cuando regresara de Estados Unidos, ajustaría cuentas con ella!
—
El auto aceleró por la carretera nacional, dirigiéndose hacia el norte.
Al pasar el siguiente punto de control, tomaron la autopista.
Camila miró el paisaje completamente desconocido por la ventana y finalmente se relajó.
—Señorita, el Dr. Guzmán no nos va a seguir molestando, ¿verdad?
—Lo hará.
—¿Eh?
Valeria abrió los ojos lentamente. Sus pupilas, claras y brillantes como el ámbar más puro, irradiaban una frialdad inalcanzable.
—Si solo fuera un simple médico, quizás las cosas quedarían así. Pero no lo es.
Él era el heredero de la familia Guzmán, lleno de orgullo y con una naturaleza que no aceptaba la derrota. Aunque solo fuera por su ego, no dejaría las cosas así.
Camila volvió a fruncir el ceño.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico