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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 56

Después de organizar un poco el apartamento, Valeria decidió ir a ver la nueva oficina.

—¿Ya solucionaste lo del alojamiento para el equipo?

—Sí.

Camila asintió.

—Antes de venir, contacté a una agencia y dejé todo listo. Si no hay contratiempos, la mayoría de los empleados podrán empezar a trabajar normalmente mañana.

Valeria lo pensó un momento.

—Mejor que sea pasado mañana. Esta noche vamos a cenar todos juntos para celebrar, mañana que descansen y se organicen, y pasado mañana retomamos el trabajo.

—Entendido.

El apartamento estaba realmente cerca de la oficina, a solo unos minutos en auto.

Camila le fue mostrando el lugar mientras caminaban.

Al subir al piso correspondiente, llegaron a la nueva sede. Algunos empleados, llenos de energía, ya habían empezado a acomodar sus cosas.

Al verlos así, Valeria sintió una gran satisfacción.

—Gracias por su esfuerzo, equipo. Esta noche los llevaré a un buen lugar para celebrar nuestra mudanza y brindar por un futuro brillante.

En aquel piso amplio y completamente renovado, las ovaciones no se hicieron esperar. Se respiraba esperanza y optimismo.

Sabor de Élite era uno de los restaurantes privados más exclusivos de San Cristóbal. Valeria le había pedido a Camila que hiciera la reserva allí. Cuando el equipo llegó, todos quedaron maravillados por la generosidad de su jefa.

—¡Es un restaurante donde una cena cuesta cuatro cifras por persona! ¡Si alguien vuelve a hablar mal de la jefa, me voy a pelear con él!

—Totalmente de acuerdo... Mudar la empresa ya de por sí es complicado, y encima gasta una fortuna para invitarnos a cenar. Tenemos que dar lo mejor de nosotros.

—¡Por supuesto! ¡La directora Figueroa es mi diosa!

—¿Han visto alguna vez a una jefa más hermosa que ella? ¡Obvio que no!

Entraron entre risas y bromas, llamando la atención de los comensales en los salones privados cercanos.

En uno de esos salones, un hombre estaba sentado en una esquina. Llevaba un traje gris oscuro que resaltaba su figura alta y estilizada. Tenía las piernas cruzadas y sus facciones, esculpidas e impecables, irradiaban un aura de nobleza y serenidad.

Con una voz profunda y agradable, preguntó:

—¿Quiénes son?

Su asistente, Santiago, respondió con respeto:

—Parece que es una pequeña empresa celebrando algo. Están elogiando a su jefa.

El hombre levantó levemente una ceja, comprendiendo la situación.

Casualmente, el salón del grupo estaba justo al lado del suyo.

Eran unas diez personas hablando sin parar sobre su atractiva jefa, destacando su belleza y elegancia sin igual.

A pesar de todo el ruido, la mayoría de los comentarios eran halagos sinceros, sin rastro de chismes malintencionados o críticas.

—¿Por qué se demora tanto el señor Vargas? Descanse, jefe, ¡saldré a ver si ya llegó!

Al salir al pasillo, soltó un largo suspiro.

Ser empleado no era nada fácil.

¡Y tener a un jefe con una personalidad tan impredecible era peor!

Caminó hacia la entrada principal. De verdad necesitaba averiguar si el cliente VIP se había perdido en el camino.

Hizo una llamada y la secretaria del señor Vargas le aseguró que llegarían en un par de minutos.

Como no quería volver a lidiar con el sarcasmo de su jefe tan rápido, Santiago se metió las manos en los bolsillos y decidió esperar en la entrada.

Poco tiempo después, un BMW blanco se detuvo frente al restaurante.

Echó un vistazo rápido, pero no vio a nadie bajar.

Vaya, qué pretenciosos.

Justo cuando soltó una burla por lo bajo, una suave ráfaga de perfume invadió el aire. La figura elegante y rápida de una mujer pasó por su lado y abrió la puerta trasera del BMW.

—Señorita.

La persona que bajó del auto también era una mujer.

Llevaba un vestido negro de seda, sin mangas y con un escote fluido que dejaba al descubierto sus delicadas clavículas y su esbelto cuello. Su rostro, de proporciones perfectas, parecía sacado de una pintura. A cada paso que daba, el dobladillo del vestido ondeaba con gracia alrededor de sus pálidos tobillos, creando una imagen hipnótica.

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