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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 65

Esta mujer ni siquiera traía celular consigo, ¿quién sabría de dónde había salido?

Resignado, a Santiago no le quedó más remedio que ir obedientemente a pagar y tramitar el ingreso.

Ya se había preparado mentalmente para pasar la noche en vela, pero poco después recibió una llamada del departamento de planificación de la empresa; había un documento muy importante que necesitaba ser procesado.

Al volver a la habitación, el hombre en el sofá llevaba los auriculares puestos mientras trabajaba. Su postura erguida, con solo estar sentado ahí, parecía una obra de arte inigualable.

—Jefe.

Santiago se frotó la nariz.

—Creo que voy a tener que regresar a la oficina.

El hombre en el sofá frunció ligeramente el ceño y giró la cabeza hacia donde provenía la voz.

—¿Quieres decir que me vas a dejar aquí cuidándola?

—... *Tampoco es obligatorio que la cuide.*

*Pero fue usted quien la trajo, así que por supuesto tiene que hacerse responsable.*

Naturalmente, Santiago no podía decir eso en voz alta. Se aclaró la garganta y dijo:

—Jefe... al fin y al cabo, esta chica se ve bastante lamentable. No podemos simplemente dejarla aquí botada, ¿verdad? Ya que hicimos una buena obra, hay que terminarla, ¿no le parece?

Los ojos de Alejandro eran oscuros, tan inexpresivos como un pozo sin fondo.

No contestó, solo bajó la mirada.

Volvió a reproducir el audio en sus auriculares Bluetooth.

Eso sorprendió un poco a Santiago. Llevaba varios años trabajando para su jefe y casi podía leerle la mente. ¿Desde cuándo a su jefe le gustaba meterse en asuntos ajenos?

Antes de que pudiera entenderlo, lo volvieron a presionar por teléfono desde la empresa, así que tuvo que irse a toda prisa.

Con una persona menos, la habitación quedó sumida en un repentino silencio.

Al terminar de escuchar el informe de trabajo, Alejandro se encontró momentáneamente sin nada que hacer.

Frotó sus dedos, se levantó con sus largas piernas y caminó paso a paso hasta el borde de la cama.

Aunque la mujer ya había tomado el medicamento, el efecto aún no era completo; se podían escuchar sus leves jadeos y murmullos.

—Qué calor...

—Me siento mal.

Valeria sentía que la estaban asando al fuego. Instintivamente levantó la mano para tirar de su ropa, pero su última gota de razón le dijo que no debía hacerlo.

Capítulo 65 1

Capítulo 65 2

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