Valeria fue despertada por la enfermera.
Al abrir los ojos, el blanco deslumbrante del techo le causó una punzada de dolor en la cabeza. Se apoyó para sentarse; la sensación pegajosa en todo su cuerpo le resultaba sumamente incómoda.
—Señorita, ¿se siente mejor?
La enfermera recorrió el rostro de Valeria con una mirada analítica, y al ver que estaba bien, soltó un suspiro de alivio.
—Ayer su esposo me pidió que me asegurara de cuidarla. ¿Siente alguna molestia ahora? Si no es así, ya va a terminar mi turno.
—¿Mi esposo?
A Valeria le pasaron varios destellos por la mente y preguntó:
—¿Qué esposo?
Esa pregunta dejó atónita a la enfermera.
¿Acaso tenía más de un esposo?
Dejó escapar una exclamación y dijo:
—Pues su marido. Era muy alto y guapo, parecía una estrella de cine.
—???
*¿Una estrella de cine por marido?*
Valeria pensó por un buen rato, pero no logró recordar a nadie con esa descripción. Levantó la vista y preguntó:
—¿Y sabe cómo se llama?
—No lo dijo.
—...
Valeria pensaba agradecerle adecuadamente a la persona que la ayudó, pero por lo que decía la enfermera, seguro era alguien que hacía el bien sin mirar a quién.
Rápidamente lo dejó pasar y bajó de la cama.
—Señorita enfermera, ¿podría prestarme su celular para hacer una llamada?
—Claro que sí, aquí tiene.
La enfermera pensó que iba a llamar a su marido.
Ambos eran tan increíblemente guapos que, si estuvieran juntos, seguramente serían un deleite para la vista.
Valeria marcó directamente el número de Camila.
—¿Cómo salieron las cosas?
Camila soltó por fin un suspiro de alivio al escuchar su voz.
Llevaba toda la noche llamando y no había logrado contactarla, hasta había pensado que algo malo le había pasado.
—Ya me comuniqué con algunos amigos que tengo en los medios. Si todo sale según lo planeado, hoy al mediodía veremos el incidente de ayer en las tendencias de todas las redes sociales.
—Señorita Valeria, creo que sería buena idea que se hiciera un chequeo general. Me enteré de que le dieron ese tipo de sustancias... algunas de las que circulan por ahí pueden dejar efectos secundarios.
—De acuerdo, muchas gracias.
Valeria fue al consultorio del médico y se hizo una revisión rápida.
—Ya no hay ningún problema. Son jóvenes, entiendo que les guste experimentar cosas nuevas, pero todo tiene un límite. Vi que su marido ayer estaba bastante molesto; debería hablar con él.
—...
Valeria soltó un suspiro contenido y forzó una sonrisa.
—Doctor, mi marido tuvo que haber firmado algún documento ayer, ¿verdad? ¿Podría mostrármelo, por favor?
El anciano doctor la miró con extrañeza, pero revolvió entre un montón de formularios en el escritorio. Finalmente sacó uno y señaló la casilla de contacto.
—Tome.
Valeria le dio un vistazo.
*[Santiago]*
Ese nombre le pareció curiosamente familiar, pero por más que lo intentó, no logró recordar de dónde lo conocía.
Después de disculparse y despedirse del doctor, Valeria tomó un taxi de regreso a Estrella Media.
Hoy todos habían vuelto a sus puestos. Al entrar, se percibía una atmósfera llena de vitalidad; todas las personas que se cruzaban con ella la saludaban.

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