Entrar Via

Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 70

—Sí. —Camila la miró y, suponiendo que aún no había tenido tiempo de revisar su correo, le recordó—: Señorita, ya le envié el expediente de Alejandro Silva a su correo; puede echarle un vistazo cuando guste.

Valeria, al escucharla, encendió su computadora de inmediato.

No era mucha información, pero resultaba útil.

—Vaya...

Valeria pasó a la segunda página y soltó una carcajada.

—Resulta que sí tiene un gran amor inolvidable.

—Así es, es un rumor bastante extendido en los círculos sociales de San Cristóbal. Se dice que esa mujer fue su compañera de preparatoria, y que el señor Silva le concede todos y cada uno de sus caprichos.

—Oh, ¿y entonces por qué no están juntos?

—Parece... que fue por los ojos del señor Silva.

Camila también se sintió algo apenada.

—Se rumorea que, después de su accidente de coche, el señor Silva le propuso matrimonio a esa señorita Garza, pero ella lo rechazó.

¿Así que por eso a Alejandro Silva le habían roto el corazón y dejó de confiar en las mujeres?

Valeria se echó a reír.

—Interesante.

—De cierta forma, parece que compartimos el mismo dolor. Casarnos de verdad no sería tan mala idea.

Camila observó el rostro de porcelana de la mujer y preguntó:

—Señorita, ¿quiere que busque algunas fotos del señor Silva?

Por extraño que pareciera, había podido averiguar todos esos chismes, pero no había logrado encontrar ni una sola foto de Alejandro Silva.

¿Sería de verdad tan feo que no se atrevía a mostrar la cara?

—¿Tengo cara de juzgar a las personas por su apariencia?

—... *Pues sí.*

Valeria soltó un bufido.

—No importa cómo luzca. Así sea un adefesio, con semejante fortuna respaldándolo, terminaría viéndose guapo.

Esa actitud altanera suya hacía que pareciera que lo decía muy en serio.

Camila no pudo evitar reírse.

—De acuerdo.

Abrió el bloc de notas de su celular.

—En la tarde hay que ir al estudio de grabación, ¿la acompaño?

Echó un vistazo por el retrovisor. Con el escándalo que había ocurrido, su jefe seguía reposando con los ojos cerrados, lo que dejaba claro que esperaba que lo resolviera él mismo.

Esa maldita llamada de spam que tenía que entrar justo cuando estaba cambiando de carril, ni antes ni después.

La mujer de afuera tenía cara de que no sería fácil lidiar con ella.

Santiago cerró los ojos, resignado, y se bajó del auto.

—Mil disculpas, de verdad. Mire... ¿arreglamos esto por medio del seguro o entre nosotros?

Camila frunció el ceño y le lanzó una mirada a la parte trasera del auto. Aunque los cristales estaban polarizados, se alcanzaba a distinguir la silueta de un hombre muy alto.

Suspiró con pesadez.

—Llevamos prisa, no tenemos tiempo de esperar al seguro. Déjeme su número de contacto y, cuando sepamos cuánto cuesta la reparación, usted le paga directamente a la agencia.

Santiago se sorprendió por un segundo y se apresuró a sacar su celular.

—Claro, me parece bien... Me llamo Santiago. Cualquier problema, me llama cuando guste.

Justo al bajar la ventanilla, Valeria escuchó un nombre que le resultaba familiar, pero no lograba recordar de dónde lo conocía.

Cuando Camila volvió a subir al auto, le preguntó:

—¿Alguien que conoces?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico