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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 78

—Oye, ¿a dónde vas?

Al ver que Valeria se marchaba, Tomás estiró el brazo de inmediato para detenerla.

—Te lo advierto, acabo de terminar una relación y ando de mal humor. No planeaba trabajar, pero ya que me obligaste a venir, tienes que hacerte responsable.

Valeria inclinó la cabeza, lo observó durante dos segundos y se echó a reír.

—Dime, ¿de qué se supone que debo hacerme responsable?

—¡Exacto!

Tomás puso la cara que él consideraba más seductora, se acercó un poco y curvó los labios.

—Si no, ¿qué tal si vamos a cenar después de la grabación?

Valeria no se movió. Sus ojos almendrados lo miraron de soslayo.

—El Señor Quiroga no tiene ni una pizca de profesionalismo, ¿y aún así cree que es increíble?

El rostro de Tomás cambió.

—Tú...

—¿Yo qué?

Valeria no tenía ninguna intención de ser amable y habló con frialdad:

—Veo que no te importa quedar en ridículo. Firmaste un contrato y aún necesitas que te vigilen para hacer tu trabajo. Si esto se sabe, ¿quién querrá contratarte en el futuro?

De tanto que lo adoraban y lo perseguían, hasta se le había olvidado cómo comportarse como una persona decente.

Realmente no podía sentir empatía por gente así.

Sin darle tiempo a reaccionar, Valeria continuó:

—Si tuve la paciencia de seguirte el juego, fue solo para no hacerle perder el tiempo a los demás artistas.

El rostro de Tomás pasó del rojo al blanco. Apretó los dientes.

—¿Acaso no crees que de verdad pueda irme?

—Si no quieres grabar, puedes irte. A lo sumo faltará alguien en el anuncio, pero asegúrate de que tu empresa pague la penalización.

Valeria no quería perder más tiempo con él y se dio la vuelta.

A sus espaldas, la estrella comenzó a armar un berrinche y pateó las cosas que tenía cerca.

Su mánager empezó a rogarle de inmediato.

Ya estaban ahí, no había forma de no grabar.

Si se corría el rumor de que se había portado como un divo, las consecuencias serían terribles en todos los sentidos.

De regreso a la oficina, Valeria se dejó caer en el sofá.

Casi no había dormido en toda la noche y sentía que tenía un enjambre de abejas zumbándole en la cabeza.

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