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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 79

Por la noche, Valeria calculó el tiempo y salió.

Aunque el hombre era ciego, por educación se arregló un poco.

Camila la dejó en la entrada del restaurante.

—Señorita, ¿a qué hora vengo por usted?

Valeria no respondió de inmediato. Sus profundos ojos oscuros miraban al frente, reflejando las luces de neón de la ciudad con un brillo enigmático.

—Camila.

La llamó, pero enseguida bajó la mirada.

Sin decir lo que realmente pensaba, murmuró:

—Te aviso por mensaje cuando esté por terminar. Vete a descansar.

Tras decir esto, abrió la puerta y bajó del auto.

El bajo de su vestido negro y blanco se ondeaba dibujando una curva elegante en el aire.

Rozaba sus tobillos, elevándose y cayendo con cada paso.

El restaurante no era extremadamente lujoso, pero tenía mucho encanto. La entrada estaba decorada con flores frescas y plantas. Al entrar, las suaves notas de un violín acariciaban el oído.

Alejandro aún no había llegado. El mesero guio a Valeria hasta el área reservada.

—Señorita, ¿le servimos ya o prefiere esperar?

¿Quién habría hecho la reserva? ¿El abuelo o aquel hombre?

Valeria sonrió, algo intrigada.

—Esperemos un momento, solo tráigame un vaso de agua por favor.

Cuando el mesero salió, el lugar quedó en completo silencio.

La acústica de ese restaurante no era la mejor. Poco a poco empezaron a llegar los ruidos de las otras mesas: gente hablando de negocios, chicas mimando a sus novios por teléfono.

Valeria los escuchaba atentamente y, sorprendentemente, le pareció entretenido.

Sin darse cuenta, pasaron veinte minutos.

Abrió WhatsApp en su celular, buscó aquel contacto con la foto de perfil completamente negra y dudó si debía llamarle para preguntar.

Valeria no notó que, no muy lejos de allí, un par de ojos la observaban fijamente por la rendija de la puerta.

Antes de que pudiera hacer la llamada, el mesero llamó y entró.

—Señorita, el dueño del local le envía este postre como cortesía. Pruébelo.

Valeria guardó el celular por reflejo.

... Nadie contestó.

Parecía que tendría que arreglárselas sola.

Valeria tomó aire y, aprovechando que Mauricio giró la cabeza para hablar con los demás, se levantó rápidamente. Pero para salir tendría que pasar por la puerta de él, así que caminó en dirección contraria.

Al doblar la esquina estaban los baños.

Entró, cerró bien la puerta y volvió a marcar el número de Alejandro.

Esos breves diez segundos parecieron durar un siglo.

—Diga.

Solo cuando escuchó esa profunda voz masculina, Valeria sintió cómo se le quitaba un peso de encima. Controlando el tono de su voz, dijo:

—Señor Silva, ¿ya viene en camino?

—Disculpa, la reunión se alargó un poco. Tendré que pedirle a la señorita Valeria que me espere otros diez minutos.

El tipo no sería un encanto a la vista, pero tenía una voz preciosa.

Valeria ni siquiera supo cómo pudo pensar en eso en un momento así, pero sacudió la cabeza y dijo:

—No se preocupe, lo espero.

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